Desde la mina.- Consolidación cantaora de Rocío Márquez y emotivo retorno de Lole Montoya

POR JOAQUÍN G. ZAPATA.- La primera de las galas del 57 Festival de las Minas deja como muestra el esplendor de la cantaora onubense y el reencuentro de Lole Montoya (en la foto) con el público de La Unión.

La Unión, a 5 de agosto de 2017. Gala doble. Antiguo mercado público de La Unión. Aforo completo.

Primera parte del espectáculo. Recital de cante de Rocío Márquez. Guitarra de Miguel Ángel Cortés. Palmas y coros de Los Mellis.

Apoteosis. Así podría de breve podría ser la crónica del recital de anoche de la cantaora Rocío Márquez, no obstante trataremos de explicar el por qué. Esta cantaora que consolidó el inicio de su carrera artística tras ganar la Lámpara Minera en 2008 confirmó su madurez artística y se mostró como figura del cante en la noche de ayer.

Comenzó el recital con guajiras, un cante que se adapta a la perfección a su forma de interpretar y a la riqueza de los melismas de su voz. Continuó con la serrana, un cante en desuso al que imprime un aire fresco que lo pone en vanguardia, aligerando el compás y acompañándolo con palmas y el acompañamiento alegre del guitarrista granadino, lo remató con la bandolá de Juan Breva.

Continuó con unos tangos en los que en su inicio llama al duende morentiano, evocando las letras de Lorca que ya para siempre musicalizó Enrique. Incluyó en la pieza también tangos lebrijanos y extremeños.

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En las peteneras rozó el corazón de cualquiera que estuviera escuchando, alargando los tercios, destilando el cante en los estilos de Pastora Pavón, dejándose morir. Recordó a Marchena, «El Niño» que dio nombre a su disco, y por soleá reinventó el Romance a Córdoba.

Estando en La Unión, no podían faltar los cantes de las minas, por taranta primero y el taranto personal de Don Enrique, interpretando la Elegía a Ramón Sijé, después.

De vuelta al cante rítmico hizo bulerías gaditanas. La misma frescura que aportó a la serrana lo hizo con la siguiriya que dedicó a la peña El Malacate. La décima y última pieza del concierto fueron los caracoles. Se pidieron bises a los que respondió con una tanda de fandangos naturales.

Segunda parte de la gala. Recital de Lole Montoya. Guitarras de Juan Carmona, «Camborio» y Juan José Suárez «El Pakete». Percusión de Luqui Losada.

Ha llovido bastante desde que en el año 1995, Lole Montoya triunfara en La Unión de la mano de Manuel Molina. Ese tiempo tampoco ha pasado en balde y las condiciones de esta cantaora están notablemente mermadas.

Fueron precisamente muchas de aquellas canciones flamenquísimas que en el año 1995 formaban parte del repertorio las que se repitieron en la actuación de anoche, haciéndose mucho de notar la ausencia de la mitad de aquel tándem.

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Salvo contadísimas excepciones, todo anduvo sobre la base rítmica y musical de unas cansinas bulerías paradas que si no fuera por la emotividad de volver a escuchar las legendarias coplas de aquel nuevo flamenco de los noventa, habría resultado del todo soporífero. «Nuevo día», «todo es de color», «Un cuento para mi niño», todo con el mismo aire. Quedó al margen del repetido soniquete un par de temas por tangos y las alegrías.

En la noche de hoy continúan las galas con la actuación del violinista Paco Montalvo y el cantaor Juan Pinilla como artista invitado.

Desde la mina, Joaquín G. Zapata /  Fotos: Departamento de Prensa del Festival

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