Memoria del Compás del Cante: “Cristina Hoyos”(2000). Reportaje y entrevista

Cultura Flamenca

(Por Luis Ybarra).- Entrabamos en un nuevo siglo y la distinción de la Fundación Cruzcampo seguía honrando a aquellos que ofrecieron su pellizco al monumento del arte flamenco. En la XVII edición, la bailaora Cristina Hoyos recibiría el galardón. Además, Antonio Reina Gómez, coleccionista que permitió el rescate de importantes testimonios sonoros, algunos de Pastora y Tomás Pavón, Manuel Torre o Juanito Mojama, se hizo con la mención especial.

Fue en Sevilla, durante el verano de 1946, donde nació una niña con el don o la necesidad de bailar. Y en su mirada ya debía estar aquel sueño de convertirse en bailaora cuando actuaba en el espectáculo de “Galas Juveniles” a los 12 años de edad. Por eso, mientras otros hacían lo propio de un niño a esa edad, ella jugaba a los tablaos en las callejuelas de la Alfalfa.

Cristina y Adelita y Manolo Soler

Foto: Cristina Hoyos con Adelita Domingo y un joven Manuel Soler

Alumna de los inolvidables maestros Enrique El Cojo, Adelita Domingo y Manuela Vargas, se introduce en el año 1969 en la compañía de Antonio Gades, con quien formaría pareja artística durante 20 años. Y son estas dos décadas las que no caben en estas líneas. No solo recorrería el mundo sobre tablas y tacones, sino que se sumergiría en el cine con una popularidad exquisita. Así, en los años 80, protagonizó junto a Gades la trilogía del cineasta Carlos Saura compuesta por “Bodas de sangre”, “Carmen” (donde obtuvo el reconocimiento a la mejor actriz secundaria) y “El Amor Brujo”.

No obstante, su aventura en el cine no acabó ahí, pues durante toda su carrera estaría presente en obras como “Montoyas y Tarantos” (1989), bajo la dirección de Vicente Escribá y con la música de Paco de Lucía, “Los Ángeles” (1990) o “Antártida” (1995), entre otras. Así como la película que rinde homenaje a su propia vida: “Despacito y a compás”, como su baile.

Cristina y Gades

Foto de Antonio Gades y Cristina en el Amor Brujo

En el año 1989 debutó en París con su propia compañía: “Ballet de Cristina Hoyos”. Después volvería a recorrer los teatros de España y Francia con obras como “Yerma”, “Caminos andaluces”, “Al compás del tiempo” o “Poema del Cante Jondo en el Café de Chinitas”. Y su coreografía, su baile, continuó al servicio del amor, de la muerte, la alegría y el pecado. Por eso fue tan auténtica. Qué importaba el formato, película, serie o espectáculo, si era el movimiento el camino para contar la historia. Y qué importan ahora los años, si permaneció trabajando después de superar un cáncer y, como ella misma reconoce, no se ha retirado del todo porque aún sigue vinculada al baile.

Cristina Hoyos, compañera de viaje del bailaor Juan Antonio Jiménez, utilizó la técnica para conducir las lágrimas de sus pies y contó la vida con el cuerpo, en el batir oscuro de sus manos, que se tornaban blanquecinas con el sonido airoso de una guitarra por alegrías. El baile no se percibe con la vista, sino con todo el cuerpo. Porque el baile bueno desprende sonrisas, y luego hiere y amarga, como el rostro manchado de seguirilla de esta sevillana o sus brazos alzándose al aire sin elevar los hombros del sitio. Despacito y a compás, Cristina, que estas líneas son para ti.

Desde los Caminos del Cante, agradecemos a Cristina Hoyos la cita que nos ha concedido en la Plaza del Altozano, frente a un reloj que marca las horas al compás que Ricardo Miño le ha dictado.

cristina hoyos y marido

Cristina Hoyos y su marido, también bailaor Juan Antonio Jiménez frente al Puente. Foto: Luis Ybarra

Entrevista a Cristina Hoyos

– P: ¿Qué recuerdas de tu niñez en la Alfalfa? ¿Cómo eran aquellos corrales?

Cristina Hoyos: Mis recuerdos son muy buenos. Yo era una niña muy feliz en esa casa de vecinos. Mi padre, con mucho esfuerzo, compró una radio y yo, cuando venía del colegio, la encendía y me ponía a bailar. Algunas veces, a pesar de que era muy tímida, bailaba hasta en la calle. Cuando fui más mayorcita me iba a los Jardines de Murillo, porque había un chico que tenía una bandurria y yo le bailaba sevillanas. A mí me encantaba. Por eso los recuerdos de mi infancia son muy bonitos. Después ya entré a dar clases con Adelita Domingo. Aprendí tan rápido que empecé en eso de las “Galas Juveniles”.

– P: ¿Cómo fue trabajar tantos años con Antonio Gades? ¿Cuál es tu recuerdo hacia él?

R: Esos recuerdos sí que son maravillosos. Tuve la gran suerte de que él se fijara en mí como pareja. En Sevilla empecé a escuchar eso de los grandes ballets de Madrid y la ciudad se me quedó algo pequeña. Así que yo, jovencita, me fui a Madrid y lo poquito que ganaba me lo gastaba en aprender la técnica, porque yo bailaba de corazón, con las tripas y el alma, pero técnica tenía poca. Y, afortunadamente, coincidí con Antonio Gades, que estaba formando la compañía. Ahí empezaron los ensayos y ya fue cuando Gades me dijo que iba a bailar con él. Aquello fue una gran sorpresa porque había buenas bailaoras en Madrid. Él vería el afán y el amor que yo tenía por bailar y me cogió, así que eso fue como si me tocara la lotería. Por lo tanto, mi recuerdo de veinte años con él es maravilloso. Aprendí no solo nociones de baile, sino de teatro, coreografía, disciplina…

Cristina manos cara

Expresivo retrato de Cristina Hoyos. Foto: Paco Sánchez

– P: También has hecho muchos papeles en diferentes obras. ¿Con cuál te quedarías?

R: Yo he hecho la trilogía de Carlos Saura con Antonio Gades. Después hice con otro director “Montoyas y Tarantos”, también una serie de televisión llamada “Juncal” y otros papelitos. Pero, por supuesto, me quedo con la primera que hicimos. Fue el primer ballet que hice con argumento. No tenía que ser Cristina Hoyos sino que debía ser la novia de “Bodas de sangre”. Y esa película fue la que nos lanzó, la que tuvo mucho éxito y la que nos permitió hacer las otras dos de la trilogía. Entonces yo le tengo un cariño muy especial.

– P: Por último, Cristina. Tú has viajado con tu baile por todo el mundo. ¿Cómo crees que se entiende y se valora el flamenco en el extranjero?

R: Como muchas artes, si lo entiendes, mejor, pero ni en Andalucía hay gente que entienda de flamenco. Es mejor sentirlo. Si tú ves algo que te emociona y te hace vibrar, eso es lo más importante. Después, si te aficionas, vas comprendiendo un poco más. Pero lo importante es dar emoción. Y en el flamenco se da mucha emoción cuando se trata de transmitir aquello que se está sintiendo. Como te dije antes, lo importante son el corazón y las tripas.

Luis Ybarra

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