Memoria del Compás del Cante: “El Lebrijano, 1997”

(Por Luis Ybarra).- Corría el año 1997 cuando, por primera vez, la distinción recaería en la geografía de Lebrija, el pueblo donde se calmaban bulerías a puerta cerrada. El jurado de la XIII edición, formado por Cristina Heeren, Chano Lobato, Emilio Jiménez Díaz, Manuel Martín Martín, Manuel Curao, Aquilino Duque y Manuel Pío Halcón, se decantaría por Juan Peña “El Lebrijano” como siguiente galardonado.

A principios de la década de los años 40, cuando el flamenco surgía en algunos pueblos entre patios y candelas, nació Juan Peña Fernández en una de esas casas cantaoras que se extendían por la Baja Andalucía. Una de esas cunas donde el flamenco se fraguaba con el calor de la familia.

Lebrijano y La Perrata

El Lebrijano tocándole la guitarra a su madre. Foto: http://www.guilleslarrain.com

El hijo de María La Perrata coqueteó con la guitarra y el cante desde la niñez hasta su triunfo en el concurso de Mairena del Alcor en 1964. Ahí sus excelentes facultades le abrieron camino como cantaor. Durante algunos años, trabajó cantando para el baile en la compañía de Antonio Gades. Influido por las formas de Antonio Mairena, con quien mantuvo una relación que evolucionó de la amistad a la admiración, no tardó en llamar la atención de numerosos aficionados y estudiosos.

Con el transcurso de los años, El Lebrijano se iría haciendo con una extraordinaria obra discográfica en la que se reflejaría el respeto por la ortodoxia y su capacidad de creación. Ha sido de los pocos que, entrados en la segunda mitad del S. XX, ha innovado y creado sobre las estructuras y tonalidades del cante sin necesidad de adornarlo con otras músicas, como ocurre en su soleá “como yo soy forastero”.

palabra de dios a un gitano disco

Portada del famoso disco “La Palabra de Dios a un gitano”

En su primera etapa, muestra un carácter más ortodoxo, ofreciendo sus amplios conocimientos en los estudios de grabación. Porque el de Lebrija ya dominaba una extensa baraja de cantes. Más adelante, vuelca sus inquietudes a la creación. Con “Persecución” (1979), donde recordaba el acoso sufrido por el pueblo gitano a través de los versos del poeta Félix Grande, rompió los esquemas de entonces; se alternaba el cante con una exquisita narración y voces corales. Además, en discos como “La palabra de Dios a un gitano” (1972) acercó su queja a la religión. Y a la música árabe en “Encuentros” (1985), “Casablanca” (1998) o “Lágrimas de cera” (1999). Pero aquel gitano rubio de ojos azules nunca se alejó de la raíz de la que brotaba su eco, por eso en ninguna de sus etapas, si es que puede dividirse en etapas, olvidó el flamenco que bebió desde niño.

“Cuando El Lebrijano canta, se moja el agua”, dijo el escritor y periodista Gabriel García Márquez. Y es que su voz ha sido capaz de secar la arena espesa, de galopar por su gaznate hasta eternizarse en el tiempo y humedecer el oído del que escucha para desgarrarlo por dentro.

A sus 72 años de edad, el que le puso la letra ‘L’ al cante está presente en los principales ciclos y festivales del flamenco. Donde hubo cante quedan púas, y Juan, cuando se las remueve, empapa el agua.

El Lebrijano cantando en una Bienal

El Lebrijano cantando en una Bienal de Sevilla

Desde Los Caminos del Cante no tenemos más que agradecer a Juan Peña El Lebrijano su tiempo y generosidad a la hora de compartir la música que guarda en la memoria.

Entrevista con El Lebrijano

– Buenas, Juan. Durante toda tu carrera se ha hablado mucho de “Persecución”, ¿pero cómo surgió ese disco? ¿Cómo fue trabajar con Félix Grande?

El Lebrijano: “Eso fue por las circunstancias que se dieron. Iba yo con El Loco de la Colina por Madrid, por el Paseo de la Castellana, cuando me acordé de una letra que cantaba Mairena: los gitanitos del Puerto, fueron los más desgraciados… Y con esa letra en la cabeza, que ahora no la recuerdo bien, le dije a Jesús (Quintero) que por qué no hacíamos un disco sobre la persecución de los gitanos. Y me dijo que él conocía a uno que podía hacer las letras. Entonces me presentó a Félix Grande. Él se vino a Lebrija y empezó a trabajar en la literatura del disco mientras yo hacía la música. Así hicimos el disco, letra a letra, compás a compás y música a música. Pero fue totalmente circunstancial, porque yo en un principio no caí. Fue por Jesús”. “Además, hace 40 años no se podía pensar en esas cosas. Estábamos en una dictadura y yo era un chaval, así que no podía acordarme de la persecución de los gitanos. Hoy en día sí, pero antes era más difícil”.

el lebrijano mayor

Juan Peña “Lebrijano” en la actualidad

– ¿Qué me dirías de la fusión, o mejor dicho el encuentro entre músicas, que has hecho tú y el que se hace hoy?

El Lebrijano: “Ahí yo soy culpable (risas). Fui de los primeros en hacer estas cosas. El pueblo árabe estuvo aquí en Andalucía, y en España, durante muchísimos años. Yo quería hacer algo con esa música, así que viajé por Tánger y por otros sitios buscando músicos y orquestas, hasta que hice la mía. El disco que hicimos fue un encuentro entre culturas. Un encuentro entre el flamenco y la música árabe”.

– ¿Qué recuerda del momento en el que se registraron esas grabaciones históricas en el día de tu boda con La Niña de Los Peines, Mairena, Pepe Pinto…?

El Lebrijano: “Esa grabación fue hecha con un casete antiguo, recuerdo que tenía un micrófono con una cabecita muy pequeña; fue uno de los primeros casetes, porque mi boda fue en el 64. Y eso se ha recogido porque un amigo mío, Romualdo Molina, lo registró y lo tuvo mucho tiempo. Yo lo escuché y, al cabo de los años, le dije que me diera las grabaciones para escucharlas otra vez. Entonces me di cuenta de que allí había grabaciones históricas, con mi madre, Pastora, Pepe Pinto, Antonio Mairena… pero no tenían nada de calidad. Pensamos que no se podrían recuperar. Después, con los años, se arreglaron un poco para sacar el disco”.

El Lebrijano boda

Portada del disco “La Boda” con Pastora y Mairena

– Para terminar, ¿Quién diría que le ha gustado más cantando, si es que había alguno en especial? ¿Y de los cantaores de ahora?

El Lebrijano: “Ha habido grandísimos cantaores, pero la más larga e histórica, sin duda, fue la Niña de los Peines. Lo fue y lo sigue siendo. Podría decirse que Pastora fue la Papa Pontífice del cante. Aunque en tantos años de historia ha habido muchísimos, yo conocí a Mairena, Pepe de la Matrona… Y lo jóvenes siguen aprendiendo de ellos”.  “Los cantaores de hoy son amigos míos. Los quiero, los admiro y la verdad es que me gustan casi todos. Hay jóvenes muy profesionales con los que es un gusto trabajar. No quiero dar nombres por no dejar a ninguno atrás. Pero me gusta ver como algunos se fijan en mí y en maestros como Marchena, Valderrama, Mairena o Juan Talega. El cante está vivo”.

Luis Ybarra

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