Memoria del Compás del Cante (XIII): “Matilde Coral, 1996”

(Luis Ybarra).- En la XII edición de la distinción, el jurado señalaría en su mención especial a La Cuadra, de Salvador Távora, “por su permanente respeto y aportación a las raíces dramáticas del Flamenco”. El galardón del Compás del Cante, por “su trayectoria artística, seriedad profesional y magisterio en la formación de nuevas figuras”, se abriría paso entra las manos que guardan la esencia de un barrio, las de Matilde Corrales González, Matilde Coral.

La que dio nombre a la llamada escuela sevillana de baile nació en Triana, en la antigua Plaza de Chapina, a comienzos del verano de 1935. Al igual que sus hermanos Manuel “El Mimbre” y Pepa Coral, desde esa otra orilla del flamenco donde soñaban artistas y poetas, gitanos y alfareros, se empaparía de río y baile en el balbuceo de su vida.
Manuela Vargas y Matilde Coral, foto del 1954

Foto de 1954 en la que se reconocen una jovencísimas Matilde Coral y Manuela Vargas (de elpatiosevillano.com)

Sus primeras pinceladas artísticas tuvieron lugar en el cortijo El Guajiro, icono de la fiesta sevillana del siglo pasado donde conoció a quien sería su marido: el bailaor Rafael “El Negro”. En 1957, se traslada a Madrid al tablao El Duende, que pertenecía a Gitanillo de Triana y Pastora Imperio, quien se convertiría en una de sus principales maestras. Más adelante comenzaron los viajes con las compañías por todo el mundo, junto a figuras como José Creco o Alejandro Vega. Con Rafael “El Negro” y Farruco formó el histórico trío de “Los Bolecos”.

Diez años después de su llegada al tablao madrileño, en 1967, se introduce en la docencia con una academia de flamenco y danza en Sevilla. En aquellas aulas, se formarían algunas de las primeras figuras del baile, como Pepa Montes, Loli Flores, Milagros Mengíbar o Merche Esmeralda. Basta con decir estos nombres para entender la importancia de aquella academia en la que se transmitió una forma única de concebir el baile. Un baile susurrado y femenino que tiene sus cimientos en Pastora Imperio. Un baile que coquetea con los hombros las cosas del corazón. Un baile en el que las manos se mecen como papeles en el aire, entre flecos de mantón y cuerpos de poesía. Un baile de detalles, de sonrisas, de belleza. Y un baile que podría haber llevado Coral en alguno de sus apellidos, pero prefirió llamarse sevillano.

Los Bolecos. Matilde Coral, Farruco y El negro

Foto Matilde Coral con Farruco y El Negro (Los Bolecos)

Toda aquella delicadeza quedó reconocida en 1972 con la única Llave de Oro al baile. A este premio le seguiría una extensa vitrina de distinciones, donde se haya la Medalla del Rey San Fernando, el mencionado Compás del Cante, dos Premios Nacionales de Danza o la Medalla de Oro al mérito en la Bellas Artes, entre otros. En 1988 fue nombrada trianera del año. Y hoy la plaza que le vio nacer lleva su nombre.

En la actualidad, el baile no reside en sus manos, sino en su memoria. Si bien, podemos palpar su esencia en numerosos documentos audiovisuales, como la película Flamenco de Carlos Saura o algunos videos del archivo de TVE.

Matilde Coral pintó jazmines en el cielo de Sevilla. Supo captar el barroquismo y la gracia de una ciudad, de una escuela, para convertirse en su emblema. Y arrojó a la luz a una generación de bailaoras para continuar dibujando con el baile. A ver, esas manos como palomas.

Matilde Coral en una de sus últimas actuaciones

Foto Matilde Coral bailando mayor

Desde Los Caminos del Cante, queremos darle las gracias a la maestra Matilde Coral, quien nos ha dedicado parte de su tiempo para rebuscar entre los anales del baile.

Entrevista a Matilde Coral

– Buenas, Matilde. En primer lugar me gustaría que nos contaras algo acerca de Pastora Imperio. ¿Cuál es tu recuerdo hacia ella?

Matilde Coral: “El descubrimiento de mi forma de ser y de comportarme por el baile. Yo bailaba pero nunca creí que podría plagiar de una manera tan profunda la figura, las formas en el aire, los brazos, la cabeza, la cadera… Yo la vi y dije para mí: esto es lo que yo quiero, este es mi baile. Por lo tanto, fue el descubrimiento de América, pero se llamaba Pastora Imperio”.

– ¿Y qué hay de aquellas clases que comenzaste a impartir en el año 67 de las que salieron grandes artistas?

“Ha salido mucha gente, pero personas agradecidas hay pocas. En este país, parece que tener maestro es algo malo. Todos quieren ser autodidactas. Quieren decir que todo lo han parido ellos, lo han hecho ellos… Pero, por desgracia para ellos, el magisterio de un maestro, valga la redundancia, es maravilloso. También hay mucha gente que me quiere y que dice: yo he estudiado con doña Matilde Coral. Porque yo enseñé a mis alumnas lo mayor que puede tener una persona, que es la disciplina y enamorarse de lo que hacen”.

Matilde Coral dando clases

Foto Matilde Coral dando clases

– Eso es otra cosa que me gustaría preguntarle. ¿Hay algo que tenga que tener una bailaora para que a usted le guste, le llegue? ¿Cuál es la esencia de ese baile de mujer?

“(Risas). Es difícil de explicar, pero no tengo más remedio que decírtelo. Lo más bonito que hay es explicar el baile con el movimiento, con el saber estar en la escena. Cómo se viste, cómo se peina, cómo se arregla… Hay que bailar expresando cosas hermosas. Y en Sevilla ha habido mujeres maravillosas, y hombres maravillosos, que han llegado a ser primeras figuras de España, y que yo los he tenido. No quiero decir nombres, porque, como ellos dicen, son autodidactas…”

– Después de tantos años dedicados al baile. ¿Qué es lo más importante que este te ha dado?

“Me quedo con que, cuando salgo a la calle, con 80 años que tengo, que voy con mi bastoncito porque tengo mal la rótula, un marcapasos y muchas cositas, me saludan tantas personas… Me besan, me paran y me dicen: Ay, cómo ha bailado usted con los brazos, ay lo que usted ha hecho… Ese es el Oscar de mi vida. Eso ha sido y seguirá siendo lo más grande. Tener el respeto y la admiración de un pueblo y de todos los sitios a los que he ido.

“Dios me conserva muy bien la memoria y por eso no me gusta ir a conferencias ni nada de eso. Hay mucho embuste y me avergüenza. Yo soy testigo de las cosas que muchos hablan. Por desgracia para mí, soy la única que queda de una época maravillosa. Pero bueno, me quedo con el regalo de que gente joven como tú, que eres un crío, se acuerden de mí para cualquier cosa. Eso para mí es hermosísimo. Más que todos los premios del mundo”.

Por Luis Ybarra.-

Rob, el bombero de Alaska que trabaja en el bosque escuchando a Moraíto

Resulta emocionante comprobar la cantidad de historias humanas que hay alrededor del del flamenco internacional; dignas de un serial «Flamencos por el Mundo». Creo que descubriríamos hasta dónde es capaz de llegar nuestro arte en el día a día de aquellos cuya banda sonora es una guitarra o un quejío.  Hoy les voy a contar una apasionante, la de Robert Thomas, bombero de Alaska que corta árboles escuchando a Moraíto.

Estos encuentros suelen ser casuales – o tal vez no tanto, pues hay algo que nos conecta a todos los aficioandos del mundo  – … Lo cierto es que tras un largo período, más del necesario, sin repasar algunos toques de guitarra aproveché una tarde para ir a la Academia de mi profesor y amigo José Ignacio Franco.

Ya en mi puesto me puse a tocar por soleá- si me permitís utilizar este término así de modo tan gratuito – sin pensar en ningún momento que el alumno que estaba a mi lado haciendo lo propio con unas falsetas por bulerías de Moraíto era un bombero de Alaska (Estados Unidos), según me advirtió José Ignacio.

Así que interesado comenzamos a medio entendernos en una suerte de spanghish que es mejor para todos no reproducir. Me dijo que se llamaba Rob y que trabajaba en los bosques de Alaska formando parte del cuerpo de Bomberos; una tarea muy dura y en condiciones extremas que le permitía tener seis meses de vacaciones tras seis meses de arduo trabajo a temperaturas bajo cero. Aprovechando uno de estos períodos vacacionales es cómo había recalado en Jerez porque se confesaba un profundo admirador de nuestro añorado Moraíto y al que muchas veces escuchaba mientras cortaba árboles o venía de apagar un fuego.

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Robert Thomas en su trabajo por los bosques de Alaska

Seguimos conversando y la verdad es que me llevé una gran sorpresa con sus comentarios ante alguna de mis preguntas; pues el flamenco es algo más que una música es un modo de vivir y para muestras leed que nos ha escrito Robert tal cual:

«Oí el flamenco por primera vez cuando tenía unos ocho años de edad. Mis padres tenían un disco de guitarra española con una canción flamenca. Recuerdo que me afecta en gran medida. Mis padres no sabían lo que era, y sólo tenían una canción flamenca. Escuché por años sin saber su origen.

No escuché el flamenco nuevo hasta doce años después. Yo estaba en la casa de un amigo y alguien estaba tocando la guitarra flamenca. Me recordaba el sonido del flamenco desde hace muchos años, y ahora que tenía a alguien que me dijera todo. He comprado libros y grabaciones para educar a mí mismo.
Cuanto más aprendía, más me enamoré con el arte. Creo la música es un lenguaje de la emoción, y el flamenco habla ese idioma mejor. Ahora estoy trabajando como bombero en Alaska. Yo uso la música para poner mi mente en el lugar adecuado para llevar a cabo lo mejor posible. Cuando estoy conduciendo a un fuego, en medio de un duro día de trabajo, o tratando de relajarse después de un estresante varias semanas, me baso en el flamenco para hacerme función en mi mejor momento. No me falla.
Flamenco es una de las grandes artes del mundo, y no creo que reciba el reconocimiento que merece. Se ha tenido un efecto muy positivo en mi vida. Creo que haría lo mismo por los demás».
No sé ustedes pero a mí me resulta tremedamente emocionante este relato que narra la grandeza de nuestro arte flamenco. ¡Qué razón tiene el maestro Alfredo cuando nos dice continuamente que el arte flamenco es una «terapia emocional»! Un operario de Bomberos en Alaska a miles de kilómetros de Andalucía perdido bajo la nieve en un inmenso bosque  forestal necesita los toques de una guitarra flamenca del Barrio de Santiago para sentirse bien y hacer su trabajo. Me imagino que como esta habrá miles de historias repartidas por el planeta tierra…
¡Olé y vivan los flamencos de Alaska y del mundo! ¿Cómo dejó grabado el maestro Paco Toronjo: para los sentimientos de la humanidad!

 

“Los Caminos del Cante”, Premio Junta de Andalucía de Comunicación Audiovisual 2015

De manos del Vicepresidente y Consejero de la Presidencia y Administración Local de la Junta de Andalucía., Manuel Jiménez Barrios, el programa “Los Caminos del Cante” recibió el  trofeo que acredita nuestro Premio de Comunicación Audiovisual Local 2015 en el apartado de radio. El acto institucional, con presencia de la Consejera de Cultura, Rosa Aguilar Rivero, tuvo lugar en el Palacio de San Telmo de Sevilla, sede de la Presidencia del organismo autónómico el jueves 12 de noviembre del pasado año.

“Los Caminos del Cante” dedican este galardón en primer lugar a la gran familia de seguidores, los que llamamos cariñosamente “caminantes”, que depositan su confianza en nuestro espacio días tras día y ya van 24 temporadas consecutivas. También cómo no a nuestros compañeros de Onda Jerez Radio del Ayuntamiento de Jerez, donde se emite el programa, al igual que en EMA Satélite que recoge nuestra señal para más de un centenar de estaciones de radio de Andalucía.

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Muy especialmente a nuestros colaboradores y contertulios: Alfredo Benítez , Juan María de los Ríos y Antonio García. Así como a los compañeros técnicos y los artistas flamencos que nos visitan cada semana a un programa que ya consideran suyo.

Os ponemos a continuación las líneas que han escrito desde OLA Radio – EMA:

Las emisoras municipales asociadas a EMA-RTV, Radio Rute y RTV Marchena, y el programa “Los Caminos del Cante”, dirigido por José María Castaño y emitido en la Onda Local de Andalucía, han sido reconocidos dentro de la II edición de los Premios Andalucía de Comunicación Audiovisual Local 2015. En concreto, el jurado ha destacado el trabajo de estos medios públicos locales como un elemento fundamental de servicio público y vertebración territorial. Además, ha valorado sus esfuerzos por satisfacer las necesidades de información, cultura, educación y entretenimiento de sus vecinos y vecinas.

En la categoría “Mejor programa de entretenimiento de radio local” el jurado ha valorado la calidad del programa diario dedicado al mundo flamenco “Los Caminos del Cante”, de Onda Jerez Radio. El espacio que dirige José María Castaño se emite también cada día en la Onda Local de Andalucía y lleva más de 20 años en antena dedicado a difundir cultura, vivencias y compás a través del flamenco. Además, el jurado ha destacado su contribución a la recuperación de protagonistas y sonidos históricos del Cante, dando paso, a la vez, a las nuevas figuras flamencas. Y todo ello, sin olvidar una clara apuesta por la investigación.

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El jurado ha estado compuesto por el Director General de Comunicación Social, Eugenio Cosgaya Herrero; Carmen Fernández Morillo en representación del Consejo Audiovisual Andaluz; María del Mar Ramírez Alvarado, decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla; Juan Antonio García Galindo, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Málaga; Reyes Lama Bellver, de la Asociación de la Prensa de Sevilla, y Pedro Feria Calles, en representación de la Asociación de Emisoras Municipales y Ciudadanas de Andalucía (EMA-RTV); actuando como secretario, David Fernández Cabeza.

A todos muchas gracias desde esta senda diaria del duende y el sentimiento que llamamos Los Caminos del Cante.

José María Castaño

 

 

Memoria del Compás del Cante (capítulo X): “Mario Maya, 1993”- Entrevista con Rafaela Carrasco

Con la X edición del llamado “Compás” se realizó un cambio importante: Enrique Osborne Isasi se desvincularía de la Fundación Cruzcampo, dejando la distinción en manos de D. José Luis Cuesta, quien sería su responsable desde entonces. En la tradicional celebración en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla, como de costumbre, volvieron a darse cita algunas de las principales figuras del momento, sin más pretensión que la de homenajear a un histórico bailaor: Mario Maya.

Mario Maya bailando en la celebración en el HotelMario Maya bailando en el Hotel Alfonso XXII el día de la celebración

Granada es una tierra que ha visto crecer en sus entrañas, en sus calles y rincones, a numerosos artistas, pero pocos de la talla de este superdotado del baile. Mario Maya nació en Córdoba en el año 1937, aunque fue en la capital nazarí donde inició sus primeros pasos en el baile, empapándose de las cuevas del Sacromonte tanto como las cuevas se empaparían de él.

En el año 1955, una pintora inglesa llamada Josette Jones realizó un retrato al óleo a aquel joven, con el que ganó un premio valorado en 200.000 pesetas. Dicho importe le fue enviado a Mario para que viajara a Madrid, con la intención de desarrollar de manera profesional su baile.

mario maya bailandoMario Maya en su época madrileña

Y es de esta manera, algo anecdótica, como se introduce en Madrid en la academia del Estampío y, posteriormente, en los ambientes flamencos de la capital, donde conocería a figuras de la importancia de Manolo Caracol.

Resumir las numerosas décadas que conformaron la carrera artística de Mario Maya en estas líneas resulta un tarea casi imposible. Podríamos ahondar en sus numerosas actuaciones en la Bienal de Sevilla, sus estancias en el Colmao Villa Rosa o en los tablaos Zambra, El Corral de la Morería o Torres Bermejas.

Sin embargo, por su relevancia, resulta de mayor interés mencionar dos grandes hitos en su biografía: en primer lugar, su pertenencia al Ballet de Pilar López, donde conocería a la que sería su maestra. Y por otro lado, en 1965, su traslado a Nueva York, tierra que fue testigo de numerosas obras de arte. Desde la otra orilla del Atlántico, dignificaría el baile flamenco en los grandes teatros, formando pareja con figuras como El Güito o Carmen Cortés.

Mario Maya y el GuitoMario Maya bailando con El Güito

La raíz del flamenco jamás se perdió de la vista de Mario Maya. Un bailaor, bailarín y coreógrafo que se empapó de la danza clásica, el jazz y la vida para enriquecer su baile, que era único. Único en su innovación y atracción por nuevas estéticas. Único en la forma de utilizar los pies y la cadera al servicio de la personalidad y la música. Único al sentarse sobre un taburete para iniciar desde ahí lo que podrían denominarse los ayeos de su baile, su inmersión en la creación. Y único en su filosofía, que apostaba por la personalidad, la formación y el conocimiento. De ahí florecen los nombres de Israel Galván, Rafaela Carrasco o Carmen Maya, su hija.

Por todo ello, aquel agrio 27 de septiembre de 2008, desde la capital hispalense, Andalucía no perdió a un artista, perdió a un reguero de agua nueva. Porque eso fue Mario Maya: café en la nieve.

Mario Maya mayor

Desde Los Caminos del Cante, agradecemos a la bailaora Rafaela Carrasco, que forma parte de esos frutos maduros que Mario Maya dio a la luz, la entrevista que nos ha regalado a todos los caminantes:

ENTREVISTA CON RAFAELA CARRASCO:

– Buenas, Rafaela. En primer lugar, me gustaría que nos comentaras algo acerca de cómo llegas hasta Mario Maya.

“Con 17 años me presento a unas audiciones que realiza Mario Maya en su estudio de la Macarena. En esta audición, me elige y empiezo a formar parte de su compañía como bailarina y repetidora”.

– ¿Cómo era como maestro?

“Como profesor no lo he tenido nunca, aunque ha sido un gran maestro para mí. A nivel de teatro, he aprendido mucho a su lado a la hora de crear espectáculos y conocer los entresijos de la escena”.

– ¿En qué estilo de baile te acuerdas o te fijas más en él?

“En realidad en todos, porque con él, para mí, lo importante no es lo que hacía sino cómo lo hacía. Era un creador, a parte de un gran bailaor, y estar a su lado te hacía tener una visión más allá del paso. Era casi dar más importancia al fondo que a la forma, aunque la forma era también extraordinaria”.

mario maya homenajeado Rafaela CarrascoRafaela Carrasco homenajeando al maestro Mario Maya con el Ballet Flamenco de Andalucía

– ¿Cómo era Mario Maya bajo los escenarios?

“Era muy exigente con el trabajo. Le gustaba mucho y exigía una gran disciplina.
A menudo nos hablaba de experiencias y momentos vividos personales, como anécdotas. Yo empecé a trabajar con él muy joven, pero fueron muchos años a su lado y con el tiempo nuestra relación se fue tornando más cercana y entrañable. Le gustaba ver a los artistas fuera del escenario y vivir momentos al margen del trabajo. Amaba el arte en general. Era muy culto y además un gran músico. Siempre estaba creando con la guitarra o con sus aparatos en casa momentos musicales para sus espectáculos”.

– Por último, ¿cuál dirías que es la característica principal de su escuela, su esencia?

“Como creador ha sido un pilar importantísimo para el flamenco, para la creación coreográfica flamenca. Sus primeras obras eran reivindicativas y con propuestas arriesgadas, y todas tenían un sello indiscutible del buen gusto, la limpieza en el trabajo y el conocimiento”.

Por Luis Ybarra.