Manuel Alejandro y aquellas tardes de corinto por Santiago

Conocí a Manuel Alejandro cuando yo era muy joven. Durante sus estancias veraniegas en su casa de El Puerto de Santa María, solía visitar a mi padre con cierta frecuencia; mas si estaba en Madrid detenía la creación de sus canciones para bajar a Jerez en avión con el único pretexto de cortarse el pelo.

A la par de acicalarse, a Manolo le entusiasmaban esos profundos diálogos con Pepe Castaño, su confesor particular. Conversaban sobre Jerez y su cultura con una copa de oloroso superior en la mano y recuerdo como ambos terminaban siempre embargados por la emoción.

Cuando ayer disfruté del programa “Imprescindibles” de TVE2 me di cuenta del alcance de este artista sin parangón. “Si hubiera sido del ámbito anglosajón su importancia hubiera sido lo más”, se comentó durante el espacio televisivo.

Un poco más adelante, Manolo Alejandro dejó entrever un detalle, que al menos para mí no transcurrió sin más. Su padre, el reconocido músico Germán Álvarez Beigbeder, le ponía al piano piezas de los grandes clásicos para avanzar en su formación. Al criarse en la calle La Merced, mientras estudiaba, se colaban por su ventana viejos rumores de soleás y siguiriyas al caer el día. Las tardes que se visten de corinto en el Barrio de Santiago, como cantara Luis de la Pica. Hasta el punto que sin ese eco seguramente no hubiera sido el mismo compositor. “Jerez es su raíz, su olor, su sabor… lo que él lleva él dentro… Y yo creo que si no hubiera nacido en Jerez no habría escrito como ha escrito”, apostilló nada menos que Julio Iglesias señalándose el pecho.

Ya lo comenté el otro día con referencia a Lola Flores y su trasfondo plazuelero más allá de su algarabía. Como en una vieja bota de vino, hay en Jerez un fondo, al pie de la cuba, que nada tiene que ver con la flor del vino y la aparente jovialidad de su superficie. Es un poso misterioso, ahogado y profundo, de levaduras muertas, al otro lado de la existencia. Un sentido trágico – ahíto de jondura – que hace apóstoles a quienes entran en su contacto.

Por eso, entre otra razones, cuando se sienta al piano y con solo aspirar el aire al compositor le aflora el fondón de esa bota. Y su mente, aún sin quererlo, recrea el lamento de aquellos gemidos que entraban por su ventana porque todo lo que nace del  dolor se hace tan auténtico como inevitable. De ahí que todos los artistas coincidían que sus creaciones se dirigían directas allí; a ese lugar donde se les iba la vida, donde les dolía, en definitiva. Como el ayeo de una siguiriya, como un vino que cruje en el catavino de la vida y rebosa como canciones eternas. Las del escribidor Manuel Alejandro.

José María Castaño @Caminosdelcante


Aquí tenéis el enlace al programa:

https://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-manuel-alejandro/5581710/

 

 

Publicado por Los Caminos del Cante

Programa de radio y web del mismo nombre que se emite desde Jerez de la Frontera (Onda Jerez Radio) a Andalucía (EMA Satélite) y el Mundo...

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