Artículo.- ¿Es infundada la histórica superstición sobre la petenera?

Artículo.- ¿Es infundada la histórica superstición sobre la petenera?

La semana que viene se celebra la edición del XLIV Concurso Nacional del Cante por Peteneras en la localidad gaditana de Paterna de la Rivera. Por ello vamos a refrescar el espinoso asunto del halo de supersticiones que la rodean ¿son reales o simplemente es una cuestión anecdótica? (En la foto de web de Universal Music: Rocío Márquez quien recibirá la medalla de oro de la petenera el próximo 25 de julio).

Este artículo que tienen a continuación fue galardonado a quien suscribe con el Premio Nacional de artículos periodísticos de la Petenera, en su edición del año 2000. En él tratamos de acercarnos a las razones históricas que han ido formando este mito entorno a uno de los estilos más hermosos del acervo flamenco.

LA INFUNDADA SUPERSTICIÓN SOBRE LA PETENERA

Definir lo que es supersticioso es una cuestión relativa. Las creencias de una persona pueden ser supersticiones para otra y viceversa. La petenera es un cante al que siempre se le rodeó de un cierto halo de superchería con base en unas creencias que se vieron potenciadas por hechos anecdóticos, sobre todo, en el ámbito gitano. Este artículo quiere ser un alegato contra el pretendido mal bajío de la Petenera, cante hermosísimo donde los halla. Aparte de otras cuestiones, hay que anotar que la mayor difusora del estilo fue La Niña de Los Peines; que el cantaor gitano más genial de la Historia la dejó impresionada en disco de pizarra, tal que Manuel Torre; y que fue uno de los estilos incluidos en los primeros LP’s de un, joven entonces, Camarón de la Isla. Eso por no querer citar el viejo corrido conservado por el Negro del Puerto, gitano de la más pura rama, con música claramente identificada con el estilo.

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La localidad de Paterna de la Rivera por cadizturismo.com

El origen de la superstición bien puede derivarse por la creencia de que la petenera tuviera prehistoria en la música sefardí, léase judeo-española. La imperante religiosidad de aquellos tiempos, tras la expulsión, originó un gran recelo y odio frente a toda la descendencia de quienes colaboraron muy directamente con la pasión y muerte de Jesucristo. Ejemplo de lo que se señala, aún persiste en la caricaturizaciones de cuanto elemento judío aparece en nuestras procesiones de Semana Santa. De igual manera, hay que añadir cierta antipatía que los semitas han soportado por su relación con el mundo de las finanzas. No obstante, es discutible que la petenera tenga un origen judío o, al menos, únicamente judío. De principio, hay que rechazar ad limine el atrevimiento de extraer de una letra una vinculación exacta, como sucede con la conocida “¿Dónde vas bella judía, /tan compuesta y a deshoras?”/Voy en busca de Rebeco/que estará en la Sinagoga”, de la que algunos han querido montar unas teorías inverosímiles. Primero, porque las sinagogas desparecen en 1.492 y la letra tiene una clara concepción moderna, como ya intuyó Hipólito Rossy en Teoría del Cante Jondo. “Tal vez de un fragmento zarzuelero”, como puntualiza R. Molina. Eso aparte de otras consideraciones menores como la rara utilización del nombre Rebeco en masculino, al ser nombre bíblico de mujer.

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Judías sefardíes

En consecuencia, debemos incluir mayor rigor en nuestras apreciaciones. La posible influencia hebrea en la petenera, como en otros muchos cantes, puede aparecer en restos que se incluyen en canciones contemporáneas de la dinastía Trastamara que se siguen conservando hoy en la judería sefardí y que se recogen, por citar un caso, en el LP “Kerensya Sefaradim” de Ángel Carril. Es cierto, que entre aquellas comunidades que tuvieron que abandonar España, se pueden encontrar algunos rastros de la alternancia de ritmos o compás de amalgama 3×4 + 6×8 propio de la Petenera. Ello demuestra la antigüedad de esta combinación en la música española, pero no debemos obviar que el esquema aparece así mismo en la jácara, la guajira, toda la gama de las llamadas peteneras americanas y en canciones tan populares como “el Vito”.

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Para muchos estudiosos cobra fuerza la vinculación de la petenera con los cantes de ida y vuelta. Grabado de iniciación al flamenco

Luego que no está tan clara la procedencia judía de la petenera como ya advirtiera el destacado musicólogo García Matos. Existen algunos casos ¿de laboratorio?, tal que la letra ¡Ay, que llanto en toda España/por todas la juderías! grabada por Carmen Linares en el CD “La Luna en el río”. Por tanto, este primer motivo de superstición queda desdibujado en la misma medida que su origen judío se pierde en una contradictoria nebulosa.

Este halo de misterio que envuelve al estilo, incluso en su configuración y parentela con otros de su género fue la base para ulteriores atribuciones de las más dispares desgracias salpicadas de curiosas anécdotas. Aunque el año que hicieron furor en Sevilla (1.881) fue un año de gran escasez de víveres (“Del año de Las peteneras/no tenemos que acordar”, que decía la copla popular). De todas ellas, sobresale la acaecida durante la escena “Gloria a la Petenera”, dentro del espectáculo de León y Quiroga “Cabalgata” que se representaba en la temporada teatral de los años 1.945-1.946. Los actuantes para reforzar el dramatismo de la estampa, sacaban a hombros a una fallecida Petenera, mientras se cantaba la copla “La Petenera se ha muerto, /y la llevan a enterrar/ y no caben por las calles/ las gentes que van detrás”. Tras representarse la obra con un gran éxito en Sevilla y Madrid, días antes de la presentación en Londres, a la gran bailaora aragonesa Mari Paz le sobrevino una infección en le pecho que pudo con su joven vida. Nadie quiso sustituir a la protagonista de la escena por razones de respeto o miedo y la compañía hubo de disolverse. Desde entonces, tomó aún más fuerza ese halo misterioso de un cante ciertamente lacónico, pero que no es el único con este matiz del repertorio flamenco. Y no deja de ser un hecho anecdótico y aislado que, según lenguas en baja voz, fue aprovechado por más de uno para eliminar de su repertorio un cante que exige unas grandes dificultades técnicas y estilísticas.

petenera monumento
Monumento a La Petenera por Pedro Mateos

Desde antes del suceso descrito, es un estilo ciertamente rechazado por el cantaor gitano y quienes le son afines por cualquier circunstancia. Pero no viene mal recordar algunas cuestiones de cierta importancia. El primer estadio lo ocupa la máxima difusora y redefinidora de la petenera, Pastora María Pavón Cruz “La Niña de los Peines“. (Sevilla 1.880-1.969), cantaora gitana por excelencia. Al parecer, el conocimiento y la posterior identificación del estilo le viene del cantaor Medina El Viejo, que ya ilustrara con su versión al propio Don Antonio Chacón y a una pléyade de jóvenes cantaores que se reunían en el Pasaje del Duque sevillano, entre los que se contaban Rafael Pareja, Fernando “El Herrero”, Pepe el de la Matrona y Arturo Pavón, hermano de la Niña, a la que le transmitiría ciertos conocimientos de aquella interpretación del Viejo. La de los Peines se cruzó con un estilo que se amoldaba a su temperamento y comenzó a difundirla junto al Niño de Medina y Escasena, quien configuraría una versión que hoy conocemos como “petenera larga”.

Allá por los años veinte, una vez que creció enormemente la figura de Pastora, ésta popularizó y difundió muchísimo el estilo que incluía dentro de su largo repertorio. Llegando a tal altura estilística que nadie quería competir con ella en estas lides. Además dejándonos un gran reflejo en sus grabaciones. Hasta un total de 27 peteneras nos dejó grabada la sevillana, repartidas por todas sus fechas y casas de grabación, auténticos diamantes, como su Quisiera yo renegar/de este mundo por entero.

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De tal veneración era objeto La Niña de Los Peines (hoy B.I.P. de los andaluces) que el cante subsistió gracias a ella, pese a la superstición que le pesaba y siendo gitanísima. Pues, cantaores del corte del propio Marchena o Valderrama, más dados a este tipo de cantes por los registros de su voz, dejaron de incluirla en sus repertorios. Siendo intérpretes como Fosforito o Naranjito de Triana quienes continuaron la labor de mantenimiento y difusión emprendido por la cantora más completa de todos los tiempos. Por tanto, ¿está tan apartado como mal se cree lo gitano y la petenera pese a la superstición? Creemos que no, en absoluto.

En prueba de cuanto asevero, nos encontramos con Manuel Soto Leyton (Jerez, 1.878- Sevilla, 1.933), apodado como Torre y considerado casi unánimemente como el cantaor gitano más genial de cuantos existieron. El jerezano también realizó su propia interpretación de la Petenera. Concretamente, injertó su particularísimo rajo dolorido en la letra Yo ni aún durmiendo pueo tené/tranquilo mi pensamiento, grabada en 1.909 con la guitarra de Juan Gandulla Habichuela para la casa ODEÓN (ref. 68.121) El imprevisible jerezano recoge esta petenera, al parecer, de su paisano El Niño de Medina. Y más gitano que Manuel…

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Manuel Torre

Pero vayamos a intérpretes más modernos. Al recientemente fallecido El Negro del Puerto, nombre artístico de José de los Reyes Santos, se le atribuye la transmisión oral de un romance o corrido que pertenece al Siglo de Oro español que él cantaba utilizando la línea melódica de la petenera. Dada la antigüedad de esta pieza y el natalicio del padre del Negro en Paterna de la Ribera, al que llamaban Juan Paterna, dejamos una línea de investigación abierta, en cuanto a la posible paternidad del estilo de esta bella población gaditana, en competencia discutida con otras Paternas de dudosa generación de esta forma musical. Como prueba plena de cuanto decimos, dejo citado la interpretación del Negro, con letra Mi madre me metió a monja/por el való de mi dote, en el capítulo correspondiente a “Rito y Geografía del Cante” de fecha 13/8/73 para el segundo canal de TVE.

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Podíamos seguir enumerando algunos otros ejemplos de intérpretes gitanos, tal que Rafael Romero “El Gallina” o el propio Sernita de Jerez, pero quedan como hecho anecdótico frente a la inclusión de una magnífica petenera en el repertorio de Camarón de la Isla de los primeros tiempos discográficos. El de la Isla (San Fernando, 1.950- Badalona, 1.992) , con la inestimable y especial colaboración del algecireño Paco de Lucía, deja para la historia una dulce petenera, grabada en el año 1.971, con el título de “En la Provincia de Cai”, donde el genial cantaor reivindica, desde la memoria colectiva, el nacimiento del estilo en la Paterna de Cádiz con la letra En la provincia de Cai/ha nacío la petenera/en un pueblo que le dicen/Paterna de la Rivera. Si tenemos constancia de que el cañaílla era un gitano sagitario, supersticioso como el que más (hay un sin fin de anécdotas que lo constata) ¿Dónde ubicamos entonces el mal bajío que adorna cuanto rodea a la Petenera?

Podía seguir con más ejemplos, pero estos me parecen significativos para demostrar lo infundado a veces de la atribución supersticiosa a este cante. La consolidación de su concurso en Paterna de Rivera contribuye cada año a su sostenimiento, su grandeza y, para muchos, la posibilidad de escuchar La Petenera sin tener que cruzar los dedos.

José María Castaño @Caminosdelcante

(N. de a.: se han consultado FLAMENCO DE IDA Y VUELTA de Romualdo Molina y Miguel Espín; el volumen IV de la enciclopedia Tartessos HISTORIA DEL FLAMENCO apartado La Petenera de R.Molina y los fondos documentales del Centro Andaluz de Flamenco).

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