Aunque hayan pasado algunas fechas, no podemos pasar sin recordar las muestras de cariño recibidas en Albi. Esta ciudad está ubicada en un bello paraje cerca de Touluse, en el departamento del Tarn de la región francesa de Occitania que nos ha recibido por tercera vez. (Foto por Silvie Bosc)

Albi, Ciudad Patrimonio Mundial de la UNESCO (2010)

Podríamos contar muchas cosas sobre ella. Los romanos ya la llamaron Albiga; algo más tarde se hicieron famosos los miembros de una secta considerada como hereje en los siglos XII y XIII. Por esta razón recibieron el gentilicio de albiguenses. Aparte de este apunte histórico, la ciudad destaca por su hospitalidad así como por sus llamativas construcciones en ladrillo rojo cuya arcilla tomaban los constructores de la cercanas orillas del río Tarn. La predominante mezcla del adobe de este color y la piedra le dieron el oficioso título de “la ciudad roja”. Una joya medieval que recibe a la par el tratamiento de ciudad episcopal y cuenta con una de las catedrales -fortificadas- más monumentales de toda la Francia.

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Panorámica del río Tarn a su paso por Albi y su famosa catedral. Foto: Wikipedia

Otro color característico de la ciudad es el “azul pastel” dado que el triángulo formado por las ciudades francesas de Albi, Toulouse y Carcasona fue el marco donde se desarrolló el cultivo de esta planta conocida como “pastel”, aunque recibe otros muchos nombres tales que Guesde o herbe de Lauragais. De ella vivían agricultores y tintoreros por la gran prosperidad que el preciado tinte azul proporcionó a la zona. Para finalizar esta breve introducción, debemos reseñar siquiera a uno de sus hijos más ilustres, el pintor y cartelista Henri de Toulouse-Lautrec. Un artista singular donde los hubiera que la crítica especializada lo enmarcó en el movimiento post-impresionista por situarlo en alguna tendencia, según dicen.

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Gran acogida de nuestra actividad Flamenco & Sherry Experience en Albi por tercera ocasión

Al compás de la memoria histórica: “La petite Spagne”

Teniendo en cuenta la cercanía de la frontera natural con España formada por Los Pirineos fue uno de los enclaves que recibió un mayor número de exiliados de la deleznable Guerra Civil Española del siglo pasado. Hijos y nietos aún recuerdan los oscuros testimonios de sus ancestros relatando como estos, en gran número, tuvieron que atravesar a pie la cadena montañosa huyendo de la ignominia más cruel. Tanto que un barrio de Albi fue apodado como “La petite Spagne”  (“La pequeña España”) debido a que la ciudad gala siempre tuvo relaciones con España porque muy cerca había minas de carbón. Entonces siempre hubo españoles que migraron a la ciudad; así me cuenta la amiga Orquídea Monferrer. Una circunstancia que se vio reforzada por la llegada masiva de  republicanos españoles hasta un número de 1.000 en febrero 1939. Las autoridades los fueron colocando en este barrio que era obrero y más bien humilde -continúa relatando Orquídea – y aquellos españoles “aunque humildes y viviendo en las afueras de un pueblo mas bien burgués, siempre se mantuvieron firmes en la lucha por mantener sus derechos gracias a unas ideas proletarias que al fin y a la postre las llevaron hasta allí”. Esa es la historia del barrio de la Madeleine de Albi, el conocido hasta hoy día como “La pequeña España”. Además a nosotros “los españoles de Albi” nos gusta que sea así, culmina Orquídea Monferrer.

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Los vinos de la Bodega Emilio Hidalgo de Jerez volvieron a lucir todos sus encantos

Cuentan que, ni con el paso del tiempo, aquellos descendientes afincados en esta zona francesa pudieron olvidar su identidad en la más honda habitación de su corazón. Es ahí donde aparece el flamenco como el vehículo cultural y como el lenguaje universal que más rápido conectaba la mente, el corazón y la memoria.

Es una de las razones de peso del porqué La Asociación Flamenco pour Tous de Albi en Francia tiene un doble valor. Por un lado, mantener las raíces de los suyos a través del cante, el toque y el baile así como de avivar la llama del flamenco y acunarla como quien besa un puñado de la tierra que fue suya. Comprobando todo esto y el amor que profesan a nuestro arte uno se apercibe más claramente el potencial artístico pero también humano que tiene el flamenco; capaz de unir a los seres humanos allende las fronteras, los países y las religiones.

Es la tercera ocasión que vistamos Albi con nuestro Flamenco & Sherry Experience, dos de ellas con la modalidad de Cinema Edad de Oro del Flamenco de la mano de los extraordinarios vinos de La Bodega Emilio Hidalgo de Jerez. Y puedo afirmar que a través del vino y el flamenco, de la cultura en sí, se han ido formando unos lazos de unión entre Jerez y Albi que tal vez un día cristalice en un hermanamiento como debe ser. Ni que decir tiene que nos sentimos felices y honrados por haber sido reconocidos como Caballero de la Divina Botella de Gaillac gracias a sus cofrades.

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Con algunos de los responsables de la Asociación Flamenco pour Tous: Alice, Michel y Orquídea, grandes anfitriones

Porque aquello que une el amor en el flamenco y el vino crea unos vínculos humanos que no los separa nadie por muchos kilómetros, barreras montañosas y cruentas historias del pasado que pusieran tierra de por medio.

¡Gracias! ¡Merci Albi!

José María Castaño @Caminosdelcante

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Gracias, cómo no, a la embajada de los vinos de la Bodega Emilio Hidalgo de Jerez, fundamentales en este cabal encuentro internacional con la cultura

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