Desde Sevilla.- Entrevista con Ezequiel Benítez por Luis Ybarra

CON MOTIVO DE SU ACTUACIÓN EN EL TEATRO CENTRAL.-  Tras unos meses vuelve la sección de nuestro caminante y corresponsal en Sevilla, Luis Ybarra. En esta ocasión con una entrevista que realizó al cantaor Ezequiel Benítez en su paso por la capital sevillana para presentar su “Quimeras del Tiempo. Recuerd2”. (Foto: Luis Ybarra)

Ezequiel Benítez presentó en el Teatro Central de Sevilla su último disco y aprovechamos la ocasión para charlar con él. Viene a cerrar el ciclo Flamenco viene del Sur y no hay quien le borre la sonrisa del rostro si tiene sus Recuer2 bajo el brazo. Es su tercer trabajo discográfico. Y las manos que ilustran la portada son las que ahora se adentran en explicarlo todo, porque el de Jerez habla y canta con el cuerpo. Hace aspavientos, ríe, desmenuza las palabras con el gesto.

«Estoy muy ilusionado porque desde que saqué el anterior disco he vuelto a los festivales y ahora los circuitos de flamenco cuentan conmigo. Esta trilogía que estamos haciendo me está dando muchas alegrías y me está colocando en una buena posición artística. La trilogía se llama Quimeras del tiempo. El primero fue Mi cante, este se llama Recuer2 y aún no tenemos el tercero», explica.

Estamos en los camerinos con el ruido y el nervio propio de las bambalinas, pero Ezequiel no duda en reflexionar en profundidad sobre el contenido de este trabajo. «Cuento mis vivencias. Hago letras muy actuales que las componemos mi padre o yo. Intentamos escoger cantes que me vienen bien por mi tesitura vocal y rescatamos a cantaores olvidados. Gente como María Bala, que tenía algo tan especial que se fue sin saberlo. Por las circunstancias de la época, el machismo y demás, no llegó a más y hoy, por desgracia, muchos no la conocen. También está el María Magdalena de Manuel Vallejo, que es una bulería muy desconocida de él. Si soy una vía para que los jóvenes se acerquen a estos cantes, estamos haciendo un buen trabajo».

ezequieldiscomanosSu grito es en blanco y negro. De rabia, sangre y nudillo. Tiene el ayeo corto y los tercios ligados. Resulta personal pero absolutamente jerezano. Y es que en su tierra «no se canta con demasiados adornos, vamos a la esencia por el camino más corto», asegura. «El repertorio aquí es amplísimo pero es muy importante hacer una relectura de los clásicos. Antonio Chacón, por ejemplo, estaba algo olvidado y ahora mi generación le está prestando una mayor atención. Cantar al maestro es un gran reto porque no es nada fácil. Él tenía unas facultades y una potencia vocal extraordinarias. Yo creo, sin embargo, que esos estilos con muchos giros se me dan bien. Hemos grabado tres malagueñas, que para mí son las más difíciles de él, y estoy contento con el resultado».

Sus palmeros quieren ensayar algo del recital y le advierten haciendo compás. Él los mira, pero se inclina hacia mí e insiste en que además de esa interpretación de los clásicos, «la renovación de las letras es de vital importancia, porque puedes cantar cosas de otro y no sentirlas como las sentía él porque a él se la hicieron por una causa concreta. Cada vez hago menos letras populares porque quiero tener mi propio repertorio para poder expresarme de verdad y darle a la gente mi “yo” interior. Casi el 80% de las letras que hago son mías o de mi padre».

Así su torso se ha vuelto de cristal y ahora deja pasar por él toda la verdad. Escuchadlo. No hay rincones tapados en la pluma ni en el cante de este jerezano. «Soy una persona muy sensible y cuando se fue mi hermano tuve la necesidad de hacerle algo, porque estábamos muy unidos y él me acompañaba a todos lados. Para mí fue un vacío muy grande y quise hacerle una milonga. En este disco le dedico un fandango y también hay una zambra que va dirigida a las madres, que se lo merecen todo. Hay detalles muy personales en todo lo que hago».

El reloj y los compañeros nos miran impacientes. El público ha empezado a llenar las filas del teatro y Ezequiel nos dice sus últimas palabras: «Estoy en un momento muy bonito en el que quiero contar cosas y creo que no soy el mismo de unos años atrás. He cambiado y la gente que me oye lo siente así. Sacar un disco como este no es complicado porque las cosas con amor salen adelante». Se ha quedado solo frente al espejo, con sus quimeras y la sonrisa del que mira satisfecho al trabajo bien hecho. Tiene las vivencias guardadas en una esquina de su voz. No está nervioso, lo que está es impaciente por salir al escenario y contarle sus recuerdos a toda esa gente. Lo que le duele, lo que añora. No hay preocupación sino deseo. Y el espejo le ha devuelto la mirada.

Por Luis Ybarra @flamencojondo (Sevilla)

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