Desde Sevilla: “Manuel Pavón, cante y olvido”

Cultura Flamenca

50 AÑOS DE LA MUERTE DEL CANTAOR NAZARENO.- Tal vez el de Manuel Pavón sea uno de los principales nombres que encabezan la lista de los grandes cantaores olvidados del flamenco. Extensa lista, por ende, que aumenta a medida que cae tiempo de por medio. Hoy, 50 años después de su muerte, recordamos a ese gitano visceral que nació en Dos Hermanas en mayo de 1883. (En la foto: Manuel Escacena, Perico el del Lunar y Manuel Pavón)

Una fecha de nacimiento y posterior desarrollo artístico que lo llevó a formar parte de la conocida Ópera Flamenca como uno de los sucesores de Antonio Chacón. Sin embargo hasta nuestros días, tan solo el cantaor Niño de Porcuna, su biógrafo Daniel Pineda Novo y el periodista e investigador Manuel Bohórquez, en una de sus columnas para El Correo de Andalucía, se han encargado de arrojar algo de luz sobre su figura. Lo que indica que, a pesar de haber nacido en una tierra de profunda afición y compromiso con sus intérpretes, pocos se han preocupado en divulgar su legado y reivindicar su figura.

Manolo Pavón, conocido como “Maneli” en sus inicios, se encuadra dentro de esa “escuela cantaora” que se miró en los pilares de Jerez y estribó entre Chacón y el Torre para crear, en diferentes personalidades, una estética particular. “Escuela” a la que podrían pertenecer, entre otros, Juanito Mojama, Niño de Medina o Pastora, con quien no tiene ningún parentesco familiar a pesar de la coincidencia en el apellido. Férreo seguidor de los cantes de Antonio Chacón, con el que además le unió una amistad, dejaría grabados en pizarra una amplia baraja de palos desde el año 1910 con la guitarra de Ramón Montoya: cartageneras, malagueñas, cantiñas, caracoles, soleares, seguirillas, marianas y tientos, entre otros. Cantaor largo, por tanto, al que sería conveniente acudir. De recodos y detalles. Aunque profundamente olvidado.

Vemos en la personalidad de Manolo Pavón características que se repiten en otras figuras de la época, como la de Tomás Pavón. Habitual de los cuartos flamencos de Villa Rosa y Los Gabrieles, siempre se mantuvo reacio a exponer sus facultades ante el gran público de los teatros y las plazas de toros. Su espacio eran las fiestas y reuniones, así como los cafés cantantes que conoció a la edad de 16 años en Sevilla y en los que se reafirmó como cantaor en Madrid. Quizá por este rasgo introspectivo en su marcado carácter, observamos en sus grabaciones una forma de ser y de sentir intimista. Una concepción única de la individualidad cantaora que se acerca más a la filosofía que al propio cante. También por ello su nombre llegaría sin demasiados atributos hasta nuestros días. Además, la Guerra Civil truncaría su destino y la dictadura lo dejaría poco a poco al margen de los escenarios hasta su fallecimiento en la capital española el 12 de octubre de 1967, a los 83 años de edad. El nazareno hizo méritos para esculpir su nombre en la historia, pero quienes la escriben prescindieron de él. Por eso el enigma de Manuel solo entiende de cante y olvido.

Por Luis Ybarra @flamencojondo

 

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