Nuestro artículo en la revista “Honores a Moraíto” del I Festival “Jerez Gran Reserva”

Cultura Flamenca

En la tarde de ayer lunes se presentaba en Jerez la revista conmemorativa del I Festival Flamenco “Jerez Gran Reserva”. Tenemos el placer de compartir  nuestro aporte con todos los caminantes. (Foto de Moraíto: Miguel Ángel Castaño durante la grabación del disco Mujerez, BBK 2009)

La revista ha nacido con motivo de patentizar los “Honores a Moraíto” que le va a rendir el Festival Flamenco “Jerez Gran Reserva” del próximo día 1 de julio en La Plaza de Toros de Jerez y que tanta expectación ha creado en todos los ámbitos flamencos.

La revista cuya portada es una gran fotografía de Miguel Ángel González contiene un saluda de la Alcaldesa de Jerez y un buen rosario de firmas que encabeza Juan Garrido y que siguen David Fernández, Estela Zatania, Fermín Lobatón, Paco Sánchez Múgica, Pepe Marín, Rafael Lorente, Manuel Martín, José Gallardo, Juan Salido y quien suscribe José María Castaño.

Compartimos con todos los caminantes nuestro artículo que salió de un texto hecho para la radio con el fondo de sus guitarra. Espero que os guste mi retrato sobre Manuel Moreno Junquera “Moraíto” al que ya sabéis que realizamos nuestro homenaje todos y cada uno de los días del año por ser la banda sonora de “Los Caminos del Cante – Onda Jerez Radio – Onda Local de Andalucía”.

Moraítoportada

Portada original de la revista con foto de Miguel Ángel González

 


 

Cuando las tardes se vistan de corinto…

Este artículo lo realicé para ser leído en la radio con todo el cariño del mundo a mi amigo Moraíto cuando nos dejó y ahora lo comparto con todos ustedes en este especial a su arte y persona todavía esperando que las tardes en Santiago tornen al corinto que cantaba Luis el de la Pica.

Llegará ese día en que la tarde se vista de otro color y aparte el luto que ahora ensombrece Santiago. Tendrá que pasar mucho tiempo porque el dolor cubre las fachadas del barrio como un manto espeso. Y llegará esa tarde que convierta el moratón de este golpe duro y seco en el tono corinto que cantaba su primo Luis de la Pica. Pasará mucho tiempo pero llegará esa tarde al compás de los recuerdos y entonces volveremos a disfrutar de Moraíto otra vez porque su espíritu no se fue; se ha quedado en cada rincón de las calles Nueva y Cantarería. Llegará esa tarde de corinto en la que lo sentiremos muy cerca sentado con nosotros en el banco del Boquerón de Plata o mientras apuramos un corto de fino en casa de Agustín Vega.

Ahora está sólo el llanto como hiriente siguiriya pero se hará diáfana bulería cuando volver a nombrarlo sea un motivo de júbilo por la enorme huella que dejó entre nosotros. Será entonces cuando su ya eterna sonrisa surcará de nuevo los cielos azules de Jerez.

Siempre llevaremos con nosotros esos mediodías llenos de luz cuando los avatares de la vida nos llevaban a Santiago a buscar a Moraíto como en peregrinación. Porque estar a su lado unos minutos te cargaba de una energía alegre y optimista. Bastaban dos comentarios y una sonrisa para que se ahuyentara despavorido cualquier sentimiento negativo. Aparte de su arte, ese era su generoso regalo cotidiano. Por eso íbamos a su encuentro seguros que su permanente duende se posaría en nosotros haciéndonos inmensamente felices.

Los recuerdos se arremolinan como medias verónicas en la mente. Jamás estuve con nadie que disfrutara tanto de la vida como Moraíto y la compartiera de un modo tan sencillo. Como aquellas discusiones en broma con Agustín o con su compadre Chícharo. O cuando llegaba de los Alburejos con cuatro cajas de hongos y él mismo lo preparaba para todo el que llegara. O esas inmortales pataítas por bulerías cuando las palmas tenían la necesidad de acallar el telediario. Y qué decir de sus una y múltiples aficiones que comentaba en alta voz con sus particulares gesticulaciones. El Moraíto pintor que llegaba con un cuadro, siempre lleno de lunares, y que allí mismo era capaz de convencer al más exigente galerista para que lo colgara en el Prado…

Cierro los ojos y recuerdo a aquel otro Moraíto que llegaba de toda la noche de pescar y convertía dos mojarras en cazones de cinco kilos en un tic de sus fantasías. O al Moraíto que emulaba a Ballesteros jugando al golf. Allí en la puerta del Arco de Santiago rodeado de sus primos a quienes explicaba el arte de un buen swing a la manera de un trincherazo de Paula. O aquella vez que fuimos a una capea y apareció el Morao en un penco haciendo de alguacilillo con más arte montando que Don Fermín Bohórquez. Y qué decir cuando llegaba la Navidad y compraba un saco de ostras que él abría para que todo el barrio las degustara en la pescadería de Joaquín el Zambo.

Siempre su generosidad. No guardaba nada para él porque nada le hacía más feliz que ver disfrutar a los suyos. Y los suyos éramos todos. Nunca antepuso ningún matiz racial, ni social, ni religioso, ni geográfico. Tal vez por ello todos estuvimos en su adiós desde el pescaero de la plaza, al taxista, pasando por el torero, la japonesa o los señoritos de Jerez que también lo adoraban. Los muchos Moraos dentro de un mismo Moraíto. Como el gentil cocinero sibarita que se ponía un mandil y te hacía un bacalao al pil pil con ese ingrediente de arte que vale muchos millones en el Bulli. Pero siempre para darlo. Ese era Moraíto.

Y entre todas las facetas emergía siempre la de su arte. Esa guitarra mágica y gitana que soltaba chispas de duende desde el bordón a la prima. Ese toque jerezanísimo y heredado que ya es hoy la banda sonora de su pueblo. Con ese peso insondable que nos llevaba a las últimas habitaciones de la sangre, al decir de Lorca. Ese compás que hacía rasguear a los corazones. Acaso la salida artística de un cantaor frustrado porque, según él, tenía la voz como un cordero viudo de Ubrique. La guitarra ya universal que llegaron a admirar desde Paco de Lucía a las decenas de jóvenes que hoy lo tienen en su cabecera.

Sí estoy convencido de que llegará esa tarde que se vista de corinto e iremos corriendo a Santiago como el refugiado que busca su tierra. Y entonces nos sentaremos en el banco del Boquerón porque acaso la brisa nos traerá su vestido de abrazos hechos aire. E iremos a casa de Agustín y pediremos un corto de fino que llevará el aroma a jerez de sus recuerdos entre pinturas, peces enormes que no cabían en el coche mientras una bola de golf se encamina al hoyo de la gloria.

Y recorreremos la calle Márquez de Cádiz desde la Enramá y las calles la Sangre, Nueva, Cantarería y Merced para poner el oído del alma y seguir escuchando sus falsetas que se han quedado cosidas en el aire. Y volveremos, Manuel, al viejo barrio un Miércoles Santo cuando Prendimiento y Desamparo miren al suelo llorando al pasar por aquel balcón de la calle Ancha donde les diste tu adiós este año. Sí volveremos cuando estas tardes negras se vistan de tardes de corinto. Hasta siempre, Lolo.

Tu amigo José María Castaño @Caminosdelcante
(Los Caminos del Cante – Onda Jerez Radio)

 

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