Desde País de Gales: “Gerardo Núñez, una historia universal”

Actualidad, Cultura Flamenca

LUIS YBARRA.- Y llegó para contar una historia con cinco cuerdas y un lenguaje, flamenco, universal y humanamente insondable. Gerardo Núñez aterrizó sobre una silla de enea con la intención de palidecer al público de un pequeño pueblo de la costa galesa: Aberystwyth.

FICHA TÉCNICA DEL ESPECTÁCULO: CONCIERTO DE GERARDO NÚÑEZ EN ABERYSTWYTH (GALES)

Al toque: Gerardo Núñez
Al baile: Carmen Cortés
Al cante: Antonio Carbonell
Percusión: El Cepillo
Contrabajo: Toño de Miguel

Estamos en Aberystwyth (País de Gales).  Aquí no hay oles ni palmas a tiempo. Nadie jalea en el sitio y todo parece adquirir una acuidad que por instantes resulta mágica o inquietante. No lo sé. Es el silencio del máximo respeto el que en los flamencos produce cierto desconcierto.

El jerezano interpretó algunas de las composiciones de su último trabajo discográfico: Logos, el cual ha sido elegido como mejor álbum a nivel mundial del año 2016 por la web World Music Central. Aquella que da nombre al disco o la que homenajea a la ciudad de Sevilla fueron algunas de las melodías más aplaudidas. Y es que Gerardo es un creador exquisito. Uno de los máximos concertistas de nuestra época; qué duda cabe. Sonó lento en la soleá, delicioso y caletero en las alegrías, y alzó la bulería de los Jereles para hacerla propiedad del mundo. Es un gusto llegar tan lejos y tan bien.

Y es que Gerardo es un creador exquisito. Uno de los máximos concertistas de nuestra época…

Vino acompañado de la bailaora Carmen Cortés, que se encontró con los faraones en la soleá, y un cuadro de cante, percusión y contrabajo. No hay fusión en el escenario, sino encuentros y diálogos, porque el flamenco es un arte internacional. Lo vi en las manos de El Cepillo haciendo compás en el contrabajo de Toño de Miguel mientras este brillaba con el jazz o en la toná de Antonio Carbonell, que tan solo necesitó un ayeo hondo para enmudecer al patio de butacas. Y lo vi en el discurso de uno que se abrazó con honestidad a la sonanta para ofrecer un rincón de su cultura. El público parecía tenerlo claro: allí no había nada que entender, tan solo empatizar, abrirse y sentir. Y así terminó todo un teatro tocando las palmas por bulerías, o intentándolo, en el fin de fiesta. Nuestro patrimonio vuela y hace volar. Por eso esta historia ya es universal.

Luis Ybarra (destacado en País de Gales) @flamencojondo

 

 

 

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