“Soníos Negros” y María del Mar Moreno, los bailes que saben llorarse…

La compañía “Jerez Puro” abanderada por la bailaora María del Mar Moreno puso de nuevo en escena sobre las tablas del Teatro Villamarta de Jerez el espectáculo “Soníos Negros”. Una clara alusión al universo siempre enigmático de Manuel Torre y su legado de estelas geniales que pese al tiempo siguen escapando de cualquier etiqueta. (Foto portada de Javier Fergó. Festival de Jerez)

Federico García Lorca tomó la sinestesia del cantaor y la eternizó en su conferencia “Teoría y Juego del Duende” cuando Manuel en el Generalife oyendo el “Nocturno” de Manuel de Falla sentenció: “Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende”. “Y no hay verdad más grande” –apostilló el de Fuente Vaqueros.

Otro poeta, Paul Valéry, afirmaba que “el ser humano debe medirse y rehacerse según sus claroscuros”. Conclusión: ¿Con qué vara medir esas oscuridades de Manuel Torre que siguen presentado incógnitas y proyectando sombras con casi un siglo de enterrado? Es ahí donde nada más que la intención del equipo de María del Mar merece que uno se ponga en pie y aplauda antes de levantarse el telón. Porque hoy día es como ir a contracorriente con todo el riesgo que ello supone.

Mas la escena necesita siempre un ejercicio de adaptación y esta se consigue con unos acertados apuntes dramáticos que huelen desde lejos al vinagre de La Zaranda. No en vano la dramaturgia viene firmada por Paco Sánchez Múgica, quien asimiló desde pequeño el espíritu de la compañía, y la dirección escénica de Gaspar Campuzano miembro destacado de la existencialista e” inestable” de formación teatral bajo andaluza.

mariadelmartolo

El Tolo canta a María del Mar Moreno (Foto de Javier Fergó del Festival de Jerez)

El libreto prima a La Gamba –mujer que fuera de Manuel Torre, a su manera, como todo en su vida – evocando la figura del cantaor.  Una estampa que recuerda la letra “Sentaíta en mi sillita y repasando mis memorias” protagonizada por las actrices Ana Oliva y María Duarte y un doble plano temporal que transcurre por un Manuel Torre curtido y otro más bravío por juventud en distintas etapas de su anárquica carrera profesional.  El primero cantado y representado por Antonio Malena y el segundo por Antonio Peña “El Tolo” ambos escoltados por las guitarras de Santiago Moreno y Malena hijo excepto los cantes “a capela”; las palmas de Ale de Gitanería y Javier Peña más la corneta de Jesús Jiménez que se sumó para la saeta.

Junto a las escenas se van sucediendo los cantes más representativos del repertorio de Manuel Torre que se reflejan en cuatro épocas del disco de pizarra: 1909, 1922, 1929 y 1931 con las guitarras en cada una de Juan Gandulla, el Hijo de Salvador, Miguel Borrull y Javier Molina. Si me permitís el pequeño apunte histórico.

El de la Malena y El Tolo se intercambian evocando la forma que tenía Manuel de ausentar la música en los tercios, recortándolos y hablándolos como hiciera en las siguiriyas de Manuel Molina (“A Clavito y Canela”) o su tío materno Joaquín Lacherna (“Contemplarme a mi mare”); en la soleá de Alcalá (“Por ti abandoné a mi niños”) o de Cádiz (“Hasta la fe mía del bautismo) para fijar unos modelos únicos por la forma de quejarse y que tuvo a Manuel Agujetas como uno de sus últimos legatarios.

Vienen otros cantes más adaptados a la escena y al baile como las cantiñas o la farruca, también en la discografía de Manuel, mientras La Gamba cuenta y baila.

Es precisamente María del Mar Moreno quien entroniza a La Gamba bailaora marcando los pasos en las huellas de cada quejío que recuerdan a Manuel; pisando la marca de cada dolor que nos llegó del genio  de la calle Álamos.

La bailaora tuvo la gran virtud de asumir en sus propias carnes el rol manueltorrero e interiorizarlo despojándose, como sucede en el cante, de todo adorno innecesario pues el mensaje es tan oscuro y negro como astringente. María del Mar demostró que se puede bailar “a queíto los golpes” y aquella noche de Villamarta, más de Santiago y Santa Ana que de Halloween, la jerezana dio una y otra lección donde los pies también saben quejarse y mover los brazos recortando los versos del baile.

María del Mar, inspirada en aquel cantaor de tronco de faraón y sombrero de cañero alto, nos demostró, en definitiva, que el baile flamenco también sabe llorarse.

José María Castaño @Caminosdelcante

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