Programa.- Nuestro homenaje a Manuel Agujetas, la herida seca del cante…

Programa de radio

Como decimos simbólicamente en alguna ocasión con este tipo de programa pretendemos encender una vela sonora para recordar a quienes se marcharon dejándonos una profunda herencia. Con Manuel de los Santos Pastor “Agujetas” estamos seguros que se pierde un eslabón importantísimo de una determinada forma de expresión oral en el cante; la que consideramos escuela natural. (Foto portada: Paco Barroso)

Dotado de un eco transido y ancestral lo recordamos primero en el disco “El Rey del Cante Gitano” con Curro Jerez y más tarde con uno de sus últimos directos, un 13 de septiembre de 2014, en el Teatro de la Maestranza, (con sonido directo desde el propio teatro) dentro de los actos de la Bienal de Sevilla. Descanse en paz este maestro de la queja eterna.

Escucha el programa o disfrútalo cuando quieras en nuestro podcast:

 http://www.ivoox.com/programa-nuestro-homenaje-a-manuel-agujetas-herida_md_9911655_wp_1.mp3″ Ir a descargar

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Manuel Agujetas, ¡como dura una palmera debía durar el llanto!…

Se convirtió en aguardiente seco el anisado que quedaba en la copa. Y se agrió como vinagre el oloroso destilando alcoholes de palmera seca, aquella que debía durar como una madre. Jamás sonaron coplas zambomberas tan sordas, campanilleros tan a destiempo, tan a martinetes acaso, en estos días señalaítos ya tan acostumbrados al adiós por los Jereles. Manuel, el de los Santos Pastor, había muerto. (Foto: Esteban Abion)

Me llamó esta mañana mi amigo Miguel de la Alfonsa, ya por siempre el Agujetero, para comunicarme con palabra muda que Manuel Agujetas acababa de morir. Y con él una forma de expresión, de doler de le tre an do las palabras de un cante dicho con ese alarido que nos lleva a la primera noche de la historia.

Con Manuel Agujetas se va la siguiriya que asustaba al azogue de los espejos. Una queja intemporal que era un lago seco y agrietado. Sí, Manuel te acongojaba con su cante a modo de papel secante; por dejar desnuda la expresión eliminando cualquier adorno que distrajera el dolor.

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Foto: Esteban Abión

A Agujetas lo escuchabas y te dejaba como sin oxígeno, huérfano y la sangre se convertía en arena espesa. Pues, sus ayes te dejaban hueco como en un paisaje desierto de lunas muertas. Manuel Agujetas te llevaba donde el silencio se calla… paisaje yermo de soles en penumbra.

Nos queda el saber de los deberes hechos. Porque en su final, nuestro equipo de Los Caminos del Cante con el padrino de los montes vascos BBK, lo llevó a Villamarta con El Torta y El Moneo… Y lo llevamos a La Bienal de Sevilla, al Teatro de la Maestranza, cuando recortando y arañando los tercios dictó enseñando las palmas de las manos: “Me estoy apagando… por cada día que pasa”… Una sentencia ya tan astrigente y cruda que duele incluso en el recuerdo.

Ese día sin saberlo nos estaba dejando en el aire un testamento: una forma de lamentarse de la vida y en la vida con sabor a muerte en las encías. Usando el cante como herida y saliva al mismo tiempo. Un cante que queramos o no ya forma parte de la historia jonda. La de Manuel de los Santos Pastor, aquella queja sanguinolenta por la que supuraba la memoria de los suyos.

¡Hasta siempre Manuel, Agujetas de los cantes!

¡Como dura una palmera, así debía durar el llanto!

José María Castaño

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