Opinión.- “¡Rosalía, qué bueno que viniste!”

La irrupción de una artista transgresora como Rosalía siempre lleva aparejada un aluvión de opiniones encontradas. Los considerados puristas u ortodoxos se rasgan sus vestiduras pidiendo el cadalso para la hereje. En cambio, sus seguidores ven una ventana abierta y un ejercicio de libertad argumentando que el arte, cual el campo, no tiene llaves. (Foto: Universal Music)

En el camino del centro suele alinearse la verdad. Yo opino que siempre es bueno para cualquier arte que aparezcan este tipo de figuras con pretensiones rompedoras sobre lo establecido. Ya veremos si el tiempo, como juez supremo, le concede o no este preciado privilegio. La historia está plagada de obras que presumían ser un “antes y un después” del flamenco y hoy yacen a “un euro – tres unidades” en las pocas estanterías de discos que van quedando.

Me pregunto que sería del arte en general sin la vanguardia. Un movimiento que ha tirado siempre del arte para que no se fosilizara en una mera repetición de estéticas y habilidades. De otro modo el flamenco podría compartir las vitrinas de un museo etnográfico con algunas manifestaciones folclóricas no muy lejanas. Pero está más vivo que nunca.

Más que una cuestión meramente artística, Rosalía nos ha regalado un necesario debate. De ahí el título de nuestras reflexiones.  El debate sobre la cuestión flamenca en este cambiante siglo XXI. Y hay mucha tela que cortar, sin entrar en que su propuesta sea o no del particular gusto de cada uno ¡Veamos!:

a) ¿Seguimos los flamencos alabando más una copia que un original por tangencial que pueda ser este? En lo pictórico, por ejemplo, una copia de Velázquez por muy fiel que sea siempre será una copia.

b) ¿Dónde están los límites para decir esto es flamenco y esto no es flamenco? Tal vez casos como el de Rosalía nos incita a ponernos manos a la obra. Mas no conviene olvidar que estamos hablando de una de las artes más mestizas de cuantas conoce el orbe. ¿Y quiénes serán los componentes del sanedrín?

Con independencia de los gustos, y más que una cuestión meramente artística, Rosalía nos ha regalado un necesario debate para este cambiante siglo XXI.

c) Hacemos continuada auto proclama que nuestro arte es Patrimonio de la Humanidad pero aún ponemos reticencias cuando un artista sale desde un territorio que aún consideramos “exterior” a las zonas tradicionales del flamenco. Hay un jazz francés, un jazz británico o un jazz latino y nadie se rasga las vestiduras por ello. ¿Somos conscientes de nuestra universalidad en todos los sentidos o aún seguimos con nuestros complejos frente a otras músicas del mundo?

d) Y lo más importante, el flamenco necesita con urgencia aceptar que es ya un género tan amplio que debe ir clasificando sus múltiples variantes ¿Ha nacido un flamenco milleanians o un flamenco pop electrónico?… A determinados repertorios se les dice que es música clásica, a otros que es pop, rock o heavy y tampoco pasa nada. O sea, ¿Quién en su sano juicio quiere emparejar a Alfredo Kraus con Prince? La respuesta es clara: los dos pertenecen a categorías bien distintas aún dentro de la música universal y cada uno en lo suyo fue extraordinario… Pero en el flamenco sí seguimos con la milimétrica comparativa. ¿Qué pretendemos en este mundo globalizado?

d bis) El problema es que en nuestro arte seguimos metiendo todo en un mismo saco estético y temporal. Y claro… las cuentas no salen cuando queremos incluir en la misma categoría a Paca Aguilera y Rosalía…

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Foto: Universal Music

Y aparecen más aristas del debate. Muchos hablan de marketing (¿acaso no existe en los intérpretes jondos que están arriba?); de la imagen (¿echamos un vistazo a muchas de las figuras actuales?…). O ese catón del purismo donde hay más derechos aristocráticos que en las monarquías. O dicho de otro modo: si Rosalía fuera de Utrera o Jerez y portara ilustres apellidos ¿se le miraría de otra forma? Es sólo una pregunta.

Todas estas son cuestiones que hace décadas vemos justo delante de nuestros ojos día a día resulta que ahora nos alarman sin medida.

Que todo el mundo no puede ser transgresor o transgresora eso lo sabemos también. Dejemos pues, reitero, que el tiempo sea el juzgador supremo y la gente tenga libertad para expresarse. Hoy que, gracias a las redes sociales, cada uno sentencia desde su propia cátedra de flamencología. Cada uno, pues, escoja el artista que más le llegue y transmita sin sentirse ofendido.

Estamos retrocediendo hacia una senda donde la prohibición puja demasiado al alza.

El arte en general, y el flamenco en particular, siempre se movió a golpe de quiénes quisieron ir un poco más allá. Que se consiga es otra cosa. Pero al menos, casos como el de Rosalía, nos ha invitado al banquete del diálogo, del debate. Esa disyuntiva que se abre para perfilar hacia dónde vamos en este siglo XXI en los que un like a un vídeo en YouTube o el número de seguidores en Instagram va teniendo ya más valor que un ole en su sitio.

José María Castaño @Caminosdelcante

5 Replies to “Opinión.- “¡Rosalía, qué bueno que viniste!””

  1. Jose Maria, nuevamente me gusta tu forma de plantear la cuestion. Es un debate muy necesario e incluso imprescindible para afrontar el futuro inminente, con la cada vez más globalizada industria musical. Los nuevos formatos aportados por las TIC’s (tecnologias de la información y comunicación) van a acrecentar o ensanchar esa linea tan manidad de lo que es y no es flamenco. Debemos caminar hacia un concepto del flamenco desde una perspectiva más cultural y menos devocional. Más heterogenea y heterodoxa. El flamenco más alla de lo musical, pintura, literatura, moda, cine, artes escénicas, estètica, quizás así superariamos los agravios comparativos.
    Un saludo

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  2. “Por qué llamas flamenco a lo que no lo es” (Manuel Morao)
    El problema está en los canales, que, si tiene el jazz, el blues para la autodefensa (prensa, RTV, casas discográficas, abrir canales internacionales para que la música subsista por si sola, la Biblioteca del Congresos que fue recogiendo y grabando casa por casa allí donde hubiera un Tío Mollino del blues…) El dilema está en la Calidad, en el “Sótano” de Radio 3 versus “40 principales”. Como aficionado al rock me da igual que el marketing promocione a verdadera porquería, como Hombres G, Objetivo Birmania o Mecano, ya que no me tapa que yo pueda comprar discos de Lagartija Nick, Sex Museum, Reincidentes… En el flamenco Rosalía y los que vinieron antes, taparon que las casas volvieran a grabar disco de siguiriyas, soleres, tarantos… con el beneplácito la mal llamada crítica flamenca. El último disco, autoproducido, si no “no hay tutía” del Luis Moneo hace unas declaraciones en la que manifestaba que le daban ganas de dejarlo todo “Yo tampoco me lo explico. A veces he llegado a pensar en no cantar más, en tirar la toalla”. “Yo creo que sí. No quiero mentar nombres, pero yo he visto a gente bajarse del escenario después de cantar sin ni una gota de sudor. ¿Eso cómo puede ser? Yo eso no lo entiendo, pero lo que manda es el márketing”. (Áticoizquerda.es)
    No creo que, al hablar de copia, esté usted hablando de Luis Moneo. Es falso el dilema copia, originalidad cunado lo que se está hablando es de calidad o de vulgaridad comercial, vanguardia fue la Velvet Underground que le daba una vuelta de tuerca al rock de calidad, no ABA que buscaba los 40 principales. Yo defiendo la pureza como sinónimo de calidad, no de inamovilidad, milito en la anarquía jonda, de hecho uno de mis artistas preferidos es Manuel Agujeta (lo que vendría a ser la Velvet en el flamenco) Lo que escuche cada uno me da igual, lo que pasa es que yo puedo comprar cualquier disco de la Velvet después de 30 años desaparecidos o de “Lightnin'” Hopkins y de Manuel Agujeta no, por poner un nombre con mucho bombo en la última época, no digamos ya del único disco de El Tío Mollino. Sonios Negros

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  3. ¿Hay ortodoxos en el flamenco? ¿Quién los ha elegido? ¿Han pasado algún examen de aptitud? Si los hubiera deberían de estar encantados con el potencial artístico de Rosalía y sabrían encarrilarla un poco. Lo malo es que no los hay. Si hubiera ortodoxos no habría ningún problema. Estarían encantados de escuchar la cabal del Pena que canta en este video, hacía muchos años que no se escuchaba nada parecido y eso que el Pena hijo y su padre Sebastián son una correa de transmisión muy fiable de la cabal de Silverio. Yo no he escuchado a ningún ortodoxo opinar sobre Rosalía, ya me gustaría.

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