El Centro Andaluz de Flamenco, un palacio y sus fantasmas…

Cuenta una leyenda urbana del antiguo Xerez que entre las collaciones de San Juan de los Caballeros y San Mateo eran frecuentes extrañas apariciones desde el medievo. Luego el vecindario hizo de altavoz para que determinados enclaves de intramuros lucieran un manto sombrío.

Conocido es el caso del Rincón Malillo y toda la periferia de la Plaza del Mercado hacia El Barranco donde aún se pueden escuchar los alaridos de los ajusticiados de La Mano Negra. Sin embargo, el colmo del mal bajío es la conocida como zona cero de Jerez que sigue arrastrando su negra leyenda sin levantar cabeza. Entonces aquella Ciudad del Flamenco ¡subterránea!, hoy un Museo del Flamenco de Andalucía que ha batido un récord mundial a tenor de la prensa: tener grietas antes de ser construido.

Otro de estos enclaves ahíto de superchería bien pudiera ser el barroco Palacio de Pemartín, otrora mansión de los Marqueses de Mesas de Asta y hoy sede del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco. Si la rocalla de su fachada pudiera hablar contaría las vicisitudes por las que ha pasado. Desde el total abandono en épocas funestas del país hasta su rehabilitación integral gracias al arte flamenco. Eso sin mentar el surrealista caso de su espectral director quien, al parecer, se llevó tres años cobrando sin pisar su despacho. Un hecho que ha podría ser catalogado por Iker Jiménez en el top ten del esoterismo cinco jotas.

De muy antiguo estos inmuebles eran la ostentación del poder de la nobleza jerezana mientras el pueblo haciendo uso del vasallaje acaso podía entrar por la puerta de servicio reverenciando a sus señores. Con la democracia algunos de estos palacios en ruina pasaron al pueblo para su disfrute y aprovechamiento cultural. Toda una conquista social que se vuelve a ver empañada por la imposición de quienes se creen sus dueños revestidos de una legalidad que no cubre ni la mitad de su ignorancia.

El traslado de los fondos del CADF desde el Palacio Pemartín al Zoco de Artesanía se perfila tan incoherente como innecesario; incluso dañino para muchos objetos de enorme fragilidad. Así lo han suplicado voces autorizadas que debieran ser oídas cuanto menos por razón de respeto. El mismo que merece un grupo de trabajadores excepcionales.

Justo es de buen administrador escuchar con atención a quienes debe para así dejar a un lado los caprichos nacidos de la impericia y enmendar cuanto se presume de antemano un error histórico. Para que así no digamos que desde la edad media hasta nuestros días existen los mismos fantasmas con diferentes sábanas.

José María Castaño @Caminosdelcante

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