Una aproximación a las relaciones del flamenco y el carnaval gaditano

Hace algunos años realicé un pequeño artículo para La Voz de Cádiz sobre las relaciones entre el arte flamenco y el carnaval gaditano. Una unión que se manifiesta sobre todo en la esfera del género matriz de los tangos. Con el ánimo que lo disfruten lo comparto con todos los caminantes y con permiso de mi amigo Javier Osuna gran experto en la materia. (Foto de la web engel & volkers)

El flamenco es deudor de la cultura popular y el folclore de los pueblos y ciudades que le prestaron su idiosincrasia. Un arte que con su vis atractiva se hace presente en todas y cada una de las grandes manifestaciones de Andalucía. Y el Carnaval no puede ser menos aunque, por su propia naturaleza, nos muestra perfiles claramente diferenciados del resto de las aportaciones locales.

Cuando escribió su famoso ensayo “De Cádiz y sus Cantes – Guía de un folklore y una ciudad milenarios”- (que así era su título completo) el mismo Fernando Quiñones admitía que las coplas carnavalescas conformaban un fenómeno independiente. Y como tal, así las hacía constar separadas en uno de sus capítulos.

Las coplas que comenzaron a urdir aquellos posibles pioneros como Cañañí el hidrocéfalo; María Bastón, la borracha batalladora; Jibia, el torero fracasado; el Tío de la Tiza o Perico el de las Viejas Ricas… tenían mucho del ingenio gaditano, la viveza de sus ritmos y la apertura del puerto a las Américas.

De ahí que el tango y su hijo el tanguillo, de entre toda la familia carnavalesca de cuplés, potpurrís y pasodobles, tenga una mayor relación con la otra orilla del Atlántico y del flamenco en sí como elemento aglutinador. Basta recordar que las primeras noticias que aparecen en las hemerotecas citan tangos americanos y, de negros como primigenias nomenclaturas de este estilo que, luego, se identificará tanto con el latir de Cádiz en sus fiestas dedicadas a Don Carnal. Incluso esa fina lámina de otros tiempos coloniales se encuentran en las antiguas guajiras y milongas, también asociadas a la fiesta antaño, y que encontraron como más firme precursora a la gaditana Pepa Oro, hija de torero y esponja de musicalidades de aquí y de allá.

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Pintura de HoHelnleiterdef

Pero, como quiera que el carnaval auspiciara una participación general y coral polifónica en muchos casos, al ser una de las fiestas más democráticas, el antiguo tango fue adquiriendo personalidad propia e izándose como bandera de la ciudad y elegante cauce de chuflas e ironías varias. Tanto, que en 1846, los organizadores de los carnavales establecen normas concretas para diferenciar el tango de Cádiz del tango Americano.

Esto fue así, porque la bahía gaditana con su ingenio chispeante dotó al tango de una textura muy diferente y el cauce preciso para la ironía echa sal en los costados de lo cotidiano. Según el historiador José Luis Ortiz Nuevo, basándose en una crónica fechada el 15 de febrero de 1849 en la revista El Regalo de Andalucía, el tango habría partido de África a la Isla de Cuba sufriendo un inmediato traslado a los puertos de Cádiz y Sevilla, como así consta en las noticias de la época.

Aquel tango, por encima de otro detalles, era conocido e identificado por su sensualidad e inmoralidad, amén de un ritmo burlón y grácil cargado de libertad frente a los más refinados bailes del país. “Es la causa –refiere el historiador- de la fácil derivación carnavalesca, coral y gesticular de Cádiz, por el punto de la gracia suya, admirable para gozar la burla de los juegos del amor y sus meneos”.

Tal afirmación, se complementa con un testimonio escrito de 1886 en el que literalmente se eleva a la máxima autoridad local de la época la siguiente súplica por parte de un grupo de decorosos ciudadanos:

“Llamamos la atención al Sr. Alcalde hacia la epidemia de que estamos amenazados para la próxima semana de carnaval. Nos referimos a las numerosas comparsas de Viejas Ricas que proyectan salir en los días aludidos. Es de suponer que traten de cantar la infinidad de tangos chabacanos e indecorosos puestos de moda de algún tiempo a esta parte, cosa que debe ser prohibida por las autoridades. A este objeto sería de desear que se diese con tiempo las órdenes oportunas y que no se otorgase permiso a las comparsas sin hacerles presente que no serán toleradas las coplas inmorales etc… Esperamos sea atendida nuestra justísima indicación”.

¿Una de las primeras censuras a las incipientes letras del carnaval? Pudiera ser, aunque habría que dispensar atención a la moral de entonces mucho más pronunciada que la de hoy. Pero aquel espíritu transoceánico, liberal, picante, burlón, sensual y sátiro encajaría a la perfección con la manera de entender la fiesta carnavalesca. Y su implantación sería imparable hasta tomar vida propia, e incluso engendrar hijos como el tanguillo.

Os recomendamos el blog del amigo y compañero Javier Osuna donde encontraréis magníficos artículos sobre estos menesteres de compases y papelillos:

http://losfardos.blogspot.com.es/

De la apasionada unión entre aquellas músicas importadas de las américas, que vinieron con el nombre de tangos, con la ironía y la gracia de Cádiz surgieron unos vástagos de gran calado para una de sus fiestas mayores, el carnaval. Decíamos que el contenido liberal, satírico y sin prejuicios de lo llegado desde Cuba fue un cauce excepcional para los modos y letras del carnaval gaditano. Así, rápidamente y debido al gran ingenio musical de los nativos de la Tacita, el tango no sólo cobró vida propia sino que además engendró al tanguillo.

Las letras carnavalescas y el empleo de la chufla imprimieron un carácter fuertemente folclórico y del 6×8 del antiguo tango se pasaría a una complejidad rítmica, basada en una polirritmia que añade un 2 x 4. Para entendernos, nació una nueva modalidad más brillante donde ser incorpora el repiqueteo característico en sus palmas por exigencias del guión. Y es ahí donde algunos autores carnavalescos ya con nombre se especializan en la creación de los tanguillos comparseros a la par de ese gran creador anónimo que es el pueblo.

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El Tío de la Tiza de losfardos.blogspot.com.es del compañero Javier Osuna

Una de las descripciones más fidedignas de aquéllos lo encontramos en Antonio Rodríguez Martínez, más conocido como “El Tío de la Tiza” y que nació en Conil en 1883. Según cuentan, fue un personaje decisivo en las aportaciones a las fiestas carnavalescas, y no sólo de Cádiz.

Según los autores Espín y Molina “él fue el que montó a los coros gaditanos en las carrozas, impuso disfraces, introdujo bandurrias y cuidó al máximo la armonías, creando ciertos efectos de gracia y flexibilidad, a lo largo de casi treinta años de infatigable labor, en los que sacó más de veinte coros y compuso innumerables melodías y letras, algunas hoy ya clásicas, como aquella de 1905, del coro los Anticuarios que empieza con el conocido “Aquellos duros antiguos”.

La colectividad siempre está en permanente deuda con este tipo de recreadores, quienes a lo largo de la historia han producido con sus flujos y reflujos del pueblo al autor y viceversa todo un universo creativo.

Si el tanguillo, en su versión más flamenca, encontró válidos transmisores en Pericón o Manolo Vargas hoy debe mucho de su conservación a ese gran maestro que fue Chano Lobato, abanderado del cante gaditano. Quien al final de su carrera seguía vendiendo vasijas donde “se lavaban los pies y luego, el domingo, hacían poleás”.

José María Castaño @Caminosdelcante

 

 

Publicado por

Los Caminos del Cante

Programa de radio y web del mismo nombre que se emite desde Jerez de la Frontera (Onda Jerez Radio) a Andalucía (EMA Satélite) y el Mundo...

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