Programa.- El cantaor Juan Zarzuela nos presenta su álbum “Linguake”

Tras coincidir en el Mayo Flamenco del Campo de Gibraltar, en la sede de la Sociedad del Cante Grande de Algeciras, invitamos al cantaor Juan Antonio Zarzuela a nuestro programa. En un principio quisimos ofrecer parte de su recital junto a Fran de Algeciras de esta cita pero por motivos técnicos no fue posible. (En portada, Juan Zarzuela el día de la presentación del cd junto al guitarrista Gabriel Muñoz )

Por tanto, presentamos un reciente trabajo del artista y profesor jerezano que lleva por nombre “Linguake” y que trata, “a groso modo” de llevar al flamenco una serie de poemas serfadíes junto a un buen número de colaboradores, entre los que destaca la guitarra de Gabriel Múñoz de Córdoba. De camino hablamos largo y tendido de la trayectoria hasta ahora de este joven cantaor jerezano.

Puedes escuchar la entrevista en nuestro podcast “Los Caminos del Cante – Onda Jerez Radio”:

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Destacamos unos versos de nuestro protagonista que describen muy bien este trabajo:

“En tu cante no hay gobierno

Tú judío, yo cristiano,

hermanos de sentimiento.

Yo pongo el cante, tú la palabra,

llega la noche y desnuda el alma”.

Juan Zarzuela (Cantaor)

linguake
Portada original del disco – libro editado en Córdoba por las Consejerías de Cultura y Educación de la Junta de Andalucía

Memoria del Compás del Cante: “Manolo Franco, 2012”

El mismo Compás que se forjó entre bordones de manzanilla, mástiles y duendes volvió a Los Reales Alcázares de Sevilla para homenajear a uno de sus guitarristas más ilustres: Manolo Franco. Su clasicismo y maestría así lo merecían. En aquella XXVI edición, fue el Potaje Gitano de Utrera quien recibió la menciona especial, después de una larga trayectoria manteniendo una seña de identidad propia.

La historia del flamenco está repleta de pequeños héroes sin titulares. Artistas capacitados pero humildes. Maestros sin más pretensión que la de aportar valor desde el sigilo. Y este es el caso de Manuel Franco Barón, cuya guitarra caminó con tanta cautela que no ganó su entrada en la Wikipedia.

Manolo Franco y Niño Pura (malaga en flamenco)
Un jovencísimo Niño de Pura con Manolo Fraco (Foto: Málaga en Flamenco)

Nació en Sevilla en el año 1960. Y tras las lecciones que el maestro Antonio de Osuna, a quien años más tarde dedicaría una excelsa soleá, y su tío Manuel Barón le inculcaron siendo niño, pasó a enriquecer su formación junto a Matilde Coral, debutando a los 15 años de edad en los festivales de entonces.

Como concertista ha desarrollado numerosos espectáculos, obteniendo reconocimientos como el Giraldillo al Toque en la III Bienal de Arte Flamenco en el año 84. El sevillano ha compartido escenario con grandes figuras del toque, como Niño de Pura, su compadre, o Rafael Riqueni, con quien anduvo hacia la gloria en una histórica interpretación de “Amarguras”. Entre otras grandes figuras. Además, habría que destacar su único trabajo discográfico como solista: “Aljibe”, donde aparece un hombre a solas con su instrumento.

Manolo Franco Aljibe
Portada de su disco Aljibe

Sin embargo, es en la faceta de guitarrista de acompañamiento donde más se le recuerda y donde suele aparecer en la actualidad. Manolo es tocaor flamenco. Ha acompañado y acompaña a primeras figuras del cante, tanto en los estudios como en ese misterioso espacio que hay más allá de las bambalinas. Así lo hemos visto junto a maestros como Naranjito de Triana, Paco Taranto o José de la Tomasa.

Las lecciones que ha impartido a lo largo de su carrera son los canales por los que manan sus fuentes. Su guitarra, una razón de ser. Y ahí está la hondura blanca, casi cristalina, del que toca para respirar. La hondura de un hombre que puso la bajañí por encima de su propio nombre. Por eso Manolo Franco es guitarrista en mayúsculas. La pulcritud y el clasicismo lo definen. Sus conocimientos de cante lo condicionan. No rompe esquemas. Solo acaricia con creatividad y delicadeza las estructuras que el tiempo le ha legado. Así es tu obra, maestro: cántaro romano y agua fresca.

Desde Los Caminos del Cante, queremos agradecer la amabilidad y el tiempo que Manolo Franco nos ha dedicado. Siempre es enriquecedor escuchar los testimonios del Compás del Cante:

Manolo Franco entrevista expofoto
Magnífico retrato de Manolo por Paco Sánchez (Expofoto)

Pregunta: Buenas, Manuel. Empecemos hablando de tus referentes.

Manolo Franco: Como casi todos los de mi generación, mis referentes han sido Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Serranito… Y a partir de ellos descubrí todo lo que había detrás. Y ahí es donde están Sabicas, Niño Ricardo o Montoya, que también me aportaron mucho a la hora de acompañar. Confieso que primero escuché a los primeros que he dicho y después a los más antiguos (risas).

  • P: ¿Cómo viviste que un maestro tan consagrado como Fosforito te dedicara un discurso la noche en la que recibiste el Compás del Cante?

R: Fue un orgullo. Fosforito es una primera figura del flamenco desde hace muchos años. Tuve la suerte de acompañarlo en alguna ocasión, y fue un honor que él diera ese discurso. Y no solo eso; todo reconocimiento a tu trabajo siempre se recibe con agrado. Es lo que al final te da fuerzas para seguir tocando con cariño y afición.

manolo-franco tocando hoy. Flamenca y más.
Manolo Franco en la actualidad. (Foto: Flamenca y más)
  • P: ¿Ha conseguido la guitarra de acompañamiento el valor que se merece?

R: La gente lo que escucha en los discos es la guitarra de concierto. Es en lo que se fija. No tanto en la guitarra de acompañamiento. Pero esta tiene muchísimo mérito. Es más, creo que antes de tocar solo hay que pasar por ahí. Son etapas necesarias para la formación completa. Acompañar al cante y al baile, y luego hacer cosas como solista. Así que habría que poner en valor la guitarra de acompañamiento, porque una parte del éxito del cantaor está en el buen toque que recibe. Y cada cantaor es mundo, así que para mí el que tenga la habilidad de adaptarse a cualquiera tiene un mérito tremendo.

  • P: ¿Por qué situación pasa la guitarra en la actualidad?

R: Creo que pasa por un gran momento. Yo doy clases en el Conservatorio de Córdoba y es la especialidad que tiene más alumnos. A partir de Paco de Lucía, por qué no decirlo, el interés por este instrumento aumenta. Hay quien no escucha flamenco pero sí “Entre dos aguas”. Y no solo hay mucha afición, sino que también hay grandes profesionales. Buenos maestros y jóvenes que se comen la guitarra. Aunque siempre hay que dar un pasito atrás. Mirar de dónde venimos y no perder la esencia de la guitarra flamenca. Porque nuestro género es el flamenco, no otro.

 Luis Ybarra @flamencojondo

 

 

Con nombre propio: “Rafael del Águila” (de la mano de Javier Molina)

Habría que reunir a un comité internacional de antropólogos con la más alta titulación para estudiar la cantidad – y calidad – de personajes bohemios que en Jerez han tenido unas altas dosis de creatividad y talento a lo largo de su historia. (En portada Rafael del Águila. Foto de Colita)

Hay quiénes apuntan al vino de la tierra como argumento principal para este tipo de conductas digamos que no ajustada a los patrones del común de los mortales, para entendernos. Manifiesto mi ignorancia en ese sentido pero lo cierto es que abundan; basta señalar a fenotipos como Manuel Torre más atrás en la historia y más cerca a artistas como Luis de la Pica o el mismo Loco Romántico que era objeto de un anterior artículo por citar algunos ejemplos conocidos. Fuera del ámbito flamenco hay un numeroso listado también, pero no vamos a deternos en ello ahora.

Coincidiendo con la apertura de una peña flamenca a su nombre en Jerez nos propusimos hace un tiempo conocer algo más sobre un personaje de auténtica excepción cuya bohemia y excentricidades pudieran dar para un buen estudio sobre el ser humano. Hablamos de Rafael del Águila Aranda, nacido en Jerez en el año 1900 donde fallecería a los 76 años de edad (1976), no sin antes haber dejado bien acicalada la escuela jerezana del toque que inició el gran Javier Molina y que llega muy viva a nuestros días.

Hoy que se habla de un momento de oro en la guitarra jerezana no deja de ser curioso que se omita a este singular profesor de guitarra flamenca de cuyas manos salieron una pléyade de intérpretes de nivel superior, como veremos algo más adelante.

Sobre Rafael del Águila tenemos testimonios muy cercanos como los de un sobrino carnal suyo que era compañero mío en Onda Jerez RTV, Bernardino del Águila, también aficionado como yo a las seis cuerdas y que me regaló una foto original de su tío; los del maestro Alfredo Benítez Valle, quien tomó no pocas lecciones con el afamado profesor y algunos otros alumnos. Amén de un escrito de nuestro amigo Antonio Mariscal del que ya informaremos.

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Foto original de Rafael, obra de Pedro Carabante, alumno suyo.

Antes nos detendremos porque es preceptivo en la figura de otro jerezano ilustre de la de unas dimensiones extraordinarias en la historia de la sonanta; pues fue Javier Molina Cundí piedra angular de la transmisión en Andalucía de una enseñanza flamenca que llega a nuestros días en una palpable sucesión cronológica.

“El Brujo de la Guitarra” como también fue conocido Javier nació años antes de nuestro protagonista, justo 32 años, al venir al mundo en 1868 en la calle La Merced, 24 (donde hay una lápida conmemorativa) de Jerez para irse del mismo en 1956.

Durante todo ese tiempo Javier Molina se dedicó a la guitarra flamenca desde muy temprana edad ya que admitiría en una entrevista a su biógrafo Augusto Butler en 1963:

“Empecé el arte de la guitarra a la edad de ocho años, en la Alameda de Fortún de Torres (Alameda Vieja), con un señor ciego que tocaba el violín. Fue la primera vez que me puse en las tablas (Butler, 1963: 13).

Y es que la transmisión oral de la música española debe mucho a los invidentes.

Luego tornó en afamado intérprete por participar de joven, junto a su hermano que era bailaor, en las aventuras del joven Antonio Chacón. Del mismo modo por acompañar a las primeras figuras del género, como La Niña de los Peines, y grabando con el mítico Manuel Torre dos soleás y dos siguiriyas en la temprana fecha de 1931. Incluso se cuenta que fue él quien comenzó a formar artísticamente a una paisana de postín que arrasaría en los escenarios: Lola Flores (biografía de García Garzón, 2002).

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Famosa foto de Javier Molina “poniendo las manos” a un invidente

Según nuestro buen amigo e investigador almeriense Norberto Torres (en su artículo “La Tradición Oral en el Toque Flamenco: Recordando a Moraíto Chico”, publicado en La Revista de Investigación sobre Flamenco La Madrugá, nº 7, Diciembre 2012), la línea sucesoria del padre de la guitarra jerezana se habría iniciado con el gran maestro Patiño de Cádiz que enseñó a Paco el Barbero y Antonio Sol, quienes a su vez influyeron directamente en la concepción del toque de Javier.

Al margen de ello se sabe que Javier fue de los primeros en ofrecer conciertos de guitarra flamenca en solitario allá en los comienzos de la centuria anterior; faceta algo insólita en los tocaores de su época aunque no del todo excepcional.

Nos recuerda Norberto que el granaíno Manuel Cano afirmaba de Javier Molina que
“Además de un estudioso guitarrista y músico innato, el tocaor jerezano fue arreglador para guitarra de fragmentos de óperas y zarzuelas de las más en boga en este tiempo, que interpretaba como solista”(Cano, 1987: 90).

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Javier Molina Cundí

Igualmente, Javier Molina fue un pródigo enseñante del misterio de las seis cuerdas flamencas de muy notorias influencias en generaciones sucesivas. Hasta el punto de admitir Manolo Sanlúcar, durante un acto que le organizamos en su homenaje en la Universidad de Cádiz, lo siguiente:

“Detrás de cada una de mis composiciones está la guitarra de Javier Molina”.

El maestro sanluqueño mencionó – ya que Molina fue quien enseñó a su padre Isidro – que sabía interpretar las partituras musicales, cosa extrañísima en la época, y que era un lector voraz de libros variados. Pero lo mejor es que tenía un método de enseñanza del toque que lo dejó ciertamente impresionado y que aún conserva entre las pertenencias de su padre.

Sabemos que Javier ofreció sus clases aparte de Isidro Múñoz de Sanlúcar (por esta línea podríamos llegar a Vicente Amigo), a Manuel Morao (de quien sale toda una saga que llega a nuestros días con Diego del Morao y Pepe del Morao pasando por el genial Moraíto) y a José Luis Balao (con toda una generación de guitarras alucinantes jugando en la Champions Leage del toque, si me permiten esta expresión, como Alfredo Lagos, Juan Diego Mateos, Javier Patino, Santiago Lara, José Quevedo “Bolita” y un largo etcétera).

Y no hablemos de lo que pudo suponer su influencia si hablamos de nombres como Niño Ricardo y Melchor de Marchena quienes pudieron en mayor o menor medida tomar clases con “El Brujo de la Guitarra” jerezana.

Javier Molina no obstante permanece en el más cruel ostracismo en su ciudad natal, pese a la importancia suprema de sus enseñanzas al ser considerado el padre de la escuela del toque jerezano y que sus falsetas aún levantan enfervorecidos aplausos de los aficionados.
Tan es así que la ciudad no movió un solo dedo en conmemorar los 50 años de su muerte. Ni tan siquiera el Ayuntamiento de la época quiso pintar las letras ya invisibles de su placa en la calle Merced para hacerse la foto.

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Foto retrospectiva del homenaje que le tributamos en la UCA en el centenario de Javier Molina, único acto que se le dedicó. Manolo Sanlúcar, Manuel Morao y José Luis Balao

Salvo el Aula de Estudios Flamencos de la Universidad de Cádiz que ante tan sólo diez o doce alumnos organizó una mesa redonda con Manuel Morao, Manolo Sanlúcar y José Luis Balao, que es de justicia decirlo.

Y es que Jerez está en deuda permanente con una serie de artistas que por su condición de no tener apellidos gitanos – el racismo a veces invierte sus papeles en la ciudad lorquiana – los ha condenado a la nebulosa de los tiempos. Algún día tendrá que saldar esta inmensa deuda.

De momento y en el próximo capítulo ahondaremos en la figura de un alumno destacado de Javier Molina, el profesor de toda una generación de guitarristas extraordinarios: Rafael del Águila.

José María Castaño @Caminosdelcante

(Continuará)…

Memoria del Compás del Cante: “José de la Tomasa, 2011”

(Por Luis Ybarra).- En la XXV edición “El Compás” volvió a alejarse de los diques que años atrás le habían precedido. No se celebró en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla, sino en el Castillo de Gibralfaro de Málaga. Frente a la tostada Costa del Sol, el cantaor José de la Tomasa recibió la estatuilla “por conservar la tradición de su estirpe, por su profesionalidad y defensa en varias parcelas de la historia flamenca”.

Como en anteriores ediciones, también se entregó una mención especial. En esta ocasión, el jurado se decantó por la Peña Juan Breva, reconociendo así “su larga historia y su presencia en los valores del flamenco, y la conservación de un patrimonio documental en su Museo de Arte Flamenco”.

 

José el de la Tomasa joven
Un joven llamado José el de la Tomasa. Foto: blog de Andrés Raya

José Gregorio Soto nace en Sevilla en el seno de un familia cantaora; hijo de Pies de Plomo y La Tomasa, ambos cantaores, y sobrino nieto del jerezano Manuel Torre, que lloraba hablando en su “Ay, la espuela”. Aprendió a cantar pescando junto a su padre en la trianera orilla del Guadalquivir. En un principio, frecuentaba las tabernas y algunas fiestas privadas, hasta que en el año 1973 gana un primer premio en el Concurso Flamenco de Mairena del Alcor. Fue entonces cuando empezó a trabajar como telonero de “Triana”. Aunque ni estando en el mítico grupo de rock andaluz se aliviaron sus raíces cantaoras. Él aparecía junto a ellos solo para que a nadie se le olvidaran los orígenes de una música que resultaba tan personal como auténtica.

Durante su carrera, José de la Tomasa adoptó diferentes facetas, todas ramas de un mismo tronco. Por un lado, lo que le da el verdadero reconocimiento es su exquisita forma de decir el cante, letra a letra, verso a verso, fraseado y con un gusto exquisito. Además de sus amplios conocimientos en los diferentes estilos, fruto de una intensa afición, y una forma muy especial de entender la saeta, herencia de los sonidos torrerianos de los que hablábamos anteriormente.

 

Jose Tomasa cantando hoy
Característica pose cantaora de José de la Tomasa

Por otro lado, el sevillano es uno de esos ejemplos dignos de admiración. Más allá de su cante, hay que poner en valor que, aunque no tuviera la oportunidad de alfabetizarse siendo niño, aprendió a leer y escribir por cuenta propia. Y años más tarde, después de caer prendido con la poesía, publicaría hasta tres libros, reflejando su extraordinaria sensibilidad y una forma profunda y sentenciosa de entender el arte: “El cante por soleá/ dice mucho en una boca/ y en otras no dice ná”. Tal vez por eso todo lo que emana de su boca resulta tan verdadero. Porque solo ejecuta lo que su mano recoge en un dictado de la entrañas. Escribe con las tripas lo que después canta con la desazón de los huesos.

José de la Tomasa dedicó parte de su carrera a impartir clases de cante en la Fundación Cristina Heeren, donde ha formado a artistas como Argentina o Rocío Márquez. Hoy está considerado como uno de los maestros más destacados de los últimos tiempos y su presencia en los principales ciclos continúa siendo considerable. Es un personaje singular: aficionado a la tauromaquia, el cante y otros estilos musicales como el blues. La ortodoxia le acompaña sobre los escenarios pero la guasa sevillana entre bambalinas.

Nadie mejor que él para retratarse en la entrevista en excxlusiva que nos ha concedido:

 

Jose_Tomasa con perro Flamenco Gallery
Curiosa foto de José de la Tomasa con un perro (Foto: Flamenco & Gallery)
  • PREGUNTA: Buenas, José.

José de la Tomasa: Muy buenas, niño. ¿Esto después dónde sale?

  • P: En Los Caminos del Cante, la web de José María Castaño.

R: ¡Hombre, con Castaño todo el año!

  • P: Hay una gran diferencia entre el José de la Tomasa cantaor y el de las distancias cortas.

R: (Risas) Claro. Cuando estoy en el escenario, ejerzo una profesión. Fuera de ellos ya es otra cosa. Ahí es verdad que me gusta la guasa. En mi familia ha habido personas con mucho ingenio. Mi abuelo Pepe Torre y mis tíos tenían mucho “age”. Y la gente que me conoce se ríe conmigo. Pero no te creas, eh. Cada vez menos (risas).

  • P: Varias décadas dedicándote al cante. Tendrás mil y una anécdotas.

R: A mí me han pasado tantas cosas… Hasta he cantado en una tómbola de un pueblecito de Extremadura. Y yo allí animando a la gente a que participaran. Cuando se llenaba aquello ya me callaba, y cuando se iban yendo, otra vez, el encargado me ponía a cantar. Después me quejé a Antonio Pulpón, que fue el que me llevó allí: “Esto no se hace, hombre, traerme a una tómbola…”. Y me respondió: “¿Has cobrado? Entonces a mí no me digas ná”.

Pero como esa, te podría contar doscientas. Ahora, perdona por la expresión, pero estoy “cagao”. La anécdota que tengo es que Alberto García Reyes y Cristóbal, el director de La Bienal, me van a llevar a cantar por toná a una torreta de los Reales Alcázares. Yo tengo mucho vértigo. Me tendré que tomar algo ¿Dónde tiene ya que cantar un flamenco “pa trincá”?

 

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José cantando por saetas (Foto: Raúl Doblado ABC)
  • P: La saeta es un dardo del corazón, ¿qué pasa hoy con ese dardo?

R: Ese dardo se ha diluido. Tengo que decir que Jerez sí guarda esa saetita corta, flamenca y directa. Pero lo que se valora hoy es otra cosa. Se valora la voz y los pulmones. Mientras más se alargue, mejor. Yo he cantado saeta desde siempre, pero llega un momento en el que prefiero no hacerlas. Si la gente no me entiende, a mí no me compensa. Y por desgracia cada vez hay menos personas con la sensibilidad suficiente para entender este tipo de saetas.

  • P: Las letras, José. Imagino que no es lo mismo cantar algo que ya está escrito que cantar algo propio.

R: Tiene un doble significado. Las letras que salen de ti las puedes adaptar y cuadrar mucho mejor. Ahí se unen dos sentimientos: el de poeta y el de cantaor. Y yo no solo hago mis letras, sino que también escribo para otros artistas. Y tanto interpretarlas yo como verlas en boca de otros es algo que me encanta.

 

José de la Tomasa libro
Libro dedicado a José de la Tomasa
  • P: Para terminar, cuéntanos algo de tu experiencia en la Fundación Cristina Heeren.

R: Empecé con mucho respeto y luego ya se convirtió en un veneno, en el buen sentido. Aparte de lo que yo ya había investigado, me dediqué a profundizar muchos más en cantes en desuso para enseñárselos a mis alumnos. Así que he aprendido bastante dando clases. Descubrí cantes que antes no escuchaba y hoy me gustan mucho. Todo lo que sea andaluz y flamenco me encanta.

Y eso es todo… ¡Viva el Betis!. Apunta eso ahí.

Luis Ybarra @flamencojondo