Momo y Baco se reencuentran en la Torre Tavira de Cádiz

Sus deidades llevan mucho entendiéndose entre los guiños de la historia. En otra fecha, podrían citarse como dioses menores pero jamás cuando Cádiz se pone su antifaz. Ahí son quienes mandan. Cuando recorren sus calles provocando que la tristeza acabe en el muelle durante unos días. (En la portada, un bello rincón del Museo del Carnaval de Cádiz)

El dios Momo llamó a su homónimo Baco para que lo acompañara en Torre Tavira. Desde allí, el omnisciente gadita salta cada año antes de oler una sardina que lo lleve a su refugio. Recorriendo de la Viña a Santa María suele integrarse en el pópulo con su difraz de viento y copla. Pero nadie ha visto aún su tipo. La otra providencia llegó desde Jerez y, juntos, caminaron por la historia del Carnaval de Cádiz como dos marineros borrachos a beberse su particular carpe diem en forma de catavino.

Javier Osuna de sus archivos nos regala esta foto de un coro antiguo en batea tirada por animales con publicidad de bodega jerezana

Me permitís este apunte, a modo de cuento, porque me parece indicado para relataros una experiencia única. Se trataba de unir dos mágicos universos sensoriales. La hermosa Torre Tavira que alberga el Museo del Carnaval de Cádiz, acogió el sábado 21 de febrero la actividad ‘Del Carnaval de Cádiz y sus vinos’. Un recorrido por su historia gracias a la sabia palabra de Javier Osuna, compañero de Canal Sur. Un mostro del relato histórico de su Cadi más profundo y desconocido. Y en el itinerario, la cata de tres grandes vinos de jerez superior por parte de la bodega Williams & Humbert y José María Castaño. El fino Pando (‘Porque Pando que el Pando es lo mejor, que cantaba a compás Fernando el de la Morena), el oloroso Don Zoilo 15 años y el Canasta cream fueron el privilegiado hilo conductor de una doble sesión que reivindicó el permanente idilio de Carnaval y los vinos del marco del Jerez, incluyendo todas sus comarcas, en especial Sanlúcar de Barrameda, Chiclana y el Puerto de Santa María.

Fino Pando nos dio la bienvenida al Museo del Carnaval de Cádiz

No faltó el apartado musical gracias al excelente Trío Cádiz, una formación de cuerdas integrado por Nandi Migueles (laúd), Kiko Moreno (bandurria) y el propio Javier Osuna (guitarra). En la esplendorosa Torre Tavira, esos tanguillos, entre aromas de fino, oloroso y cream, marcaron una inigualable interacción en todos los sentidos.

Pronto, habrá una nueva fecha. De momento, solo puedo decir que nos fuimos muy felices por la consecución de esta primera inmersión. Allá en la vigía privilegiada a un Atlántico que es escenario único de cultura y libertad, de abrazo fraterno entre los pueblos y las ciudades hermanas.

El Trío Cádiz y el oloroso Don Zoilo

Momento ahora del agradecimiento a lAyuntamiento de Cádiz, y su Delegación de Cultura y Fiestas, al personal siempre atento del Museo del Carnaval con Lourdes Meri al frente, a las Bodegas Williams & Humbert de Jerez por esos grandes vinos, a los compañeros de reparto, especialmente Javier Osuna y, cómo no, al público entusiasmado que nos acompañó por esta historia de carnaval y vinos. Y lo peor es que amenzamos con volver.

Si tienen algo en común es que Momo y Baco son inquietos, algo jartibles y charlan más que Castelar, que diría nuestro Chano Lobato.

José María Castaño @caminosdelcante

Foto de familia con servidor, Lourdes Meri y Javier Osuna

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