Nuestro amigo y admirado cantaor Luis Fernández Soto, en su etapa no profesional, era muy valorado en el núcleo de la gitanería del barrio de Santiago. Sin embargo, el público y la afición en general desconocían un tanto el verdadero alcance de sus decires flamencos. (Fotografía por gentileza de Juan Moya)
La razón es que Luis se dedicaba, como todos sabemos, a la venta del pescado. Si bien, una vez fuera del mostrador repartía todo su tiempo a la familia y al flamenco. Igual cogía su furgoneta y se iba solo a festivales en busca del cante bueno. Como en aquella ocasión que tiró hasta Las Cabezas de San Juan (Sevilla) para escuchar un mano a mano entre Juan Talega y Tío Borrico en la Yerbabuena de Plata. Así, me lo ha contado en algunas ocasiones.
Cierto es que Diego Carrasco, acompañado a la guitarra por Moraíto, hace una referencia directa al mayor de los Zambos en el disco ‘Voz de Referencia’ (Nuevos Medios, 1993). Justo en las ‘Bulerías del Naugo’ cuando emplea la letra: ‘Me gusta ser el borracho de mi barrio / y bailar por bulerías cuando canta Luis el Zambo’. Que yo sepa fue una clara inclinación del favor que contaba por la calles de Santiago.
Los luminosos viernes en el Arco de Santiago
Esto venía porque nuestro protagonista bajaba para estar con los suyos en aquellos comienzos de los fines de semana. Yo era muy joven pero recuerdo muy bien la luz de aquellos días de vinos y compás. En el bar Arco de Santiago, que regentaba Agustín Mondelo, un viernes cualquiera del año podían verse juntos a Moraíto, Curro y Fernando de la Morena, José Vargas el Mono, Pepe de Joaquina, Lorenzo Gálvez Ripoll, sus hermanos Enrique y Joaquín, el propio Diego Carrasco si no estaba en Sevilla, entre otros muchos. De allí alParra para desembocar de noche en la asociaciónLos Juncales en la calle Nueva.
Como se puede comprender fácilmente bastaba una chispa para que se encendiera el fuego de la reunión flamenca, hasta por la mañana, donde aparecían sigilosamente Luis de la Pica o El Torta, por cierto. En ese ambiente, Luis el Zambo se podía pegar con generosidad tres días cantando por bulerías. El barrio sí sabía de su autenticidad, incluso Miguel Poveda, sin ser muy conocido aún, acudió a escuchar una de aquellas noches; así ha quedado en alguna de sus bulerías: ¡Qué borrachera / qué borrachera / en Los Juncales de la calle Nueva! Me consta además que Luis era uno los cantaores preferidos de Moraíto, razón por la que se hacía frecuente en sus espectáculos.
Un disco ‘Al Amanecer del día’
Precisamente, Tere Peña, en sus labores como productora supo plasmar en un disco el espíritu de aquellas reuniones. Así nació el compacto ‘Los Juncales de Jerez, cayos reales’ para la colección Flamenco & Duende de ediciones Senador en 1998. Entre otros muchos alicientes, estaba la primera aparición oficial en el disco de Luis de la Pica y también de Luis el Zambo, reclutado por fin para una obra discográfica para mayor honra y gloria del cante jerezano.
Pleno de intuición y naturalidad, nuestro cantaor sorprendió literalmente a propios y extraños. Aquello era un cante de escuela natural, esa que no se aprende en el disco y únicamente en la vivencia directa. El secreto de lo jondo regado por sus dos extraordinarios entronques, el de los Rincones por parte de los Fernández y el de los Sordera por parte los Soto. Luis participa con la bulería ‘Loquita del sentío’ que abre el disco y con ‘Me lo venía haciendo’, esa suerte de trasiego de jerezanas maneras entre la soleá y la bulería para escuchar. Sendos cortes fueron grabados por las guitarras de Moraíto y su hijo, Diego del Morao.

Una aclamación popular
Durante una entrevista reciente, Luis el Zambo me comentó que no sabe ni cómo grabó aquello y que nunca lo volvió a registrar ni cantar de esa manera porque se había dejado llevar por aquello que le iba saliendo. Sin más. Fue entonces, cuando la prensa nacional se hizo eco. Maestros de la comunicación como Ángel Álvarez Caballero o Paco Herrera lanzaron públicamente aquella pregunta que hoy titula este artículo ¿Dónde había estado hasta entonces Luis el Zambo?
Fue el punto de partida, y a edad muy tardía, para comenzar a dedicarse por completo a su pasión, que es el flamenco. Aclamado por los cortes naturales de su cante, enjundiosos, cortos y directos como el amontillado de su tierra. Con ese compás verídico que nace de la misma vida según los gitanos bajo andaluces. Desde Los Caminos del Cante queremos agradecer que la Sociedad del Cante Grande de Algeciras y el Ayuntamiento de la ciudad hayan reconocido esta joya que ha asomado desde antiguo al siglo XXI. La olorosa esencia de Luis el Zambo.
José María Castaño @caminosdelcante

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