Corría el año 2002, cuando días previos a la celebración del ciclo pre-otoñal ‘Jerez y sus familias cantaoras’, el pianista José Zarzana Ortega me dijo que tenía una gran sorpresa para su noche en la plaza de la Asunción. (Un frame de la actuación)
Lo cierto es que el elenco que le iba a acompañar no necesitaba de ningún aderezo. Junto a su elegante piano , estaría al cante Luis el Zambo, al baile María del Mar Moreno y a la guitarra Manuel Moreno Junquera ‘Moraíto’. Pasados los años, creo que aún se habla muy poco de aquellos encuentros y de los artistas que conformaron las 12 veladas. Por desgracia ya nos faltan muchos de ellos.
Pero a lo que iba. Mi amigo José, con un saber estar heredado, me confirmó que había convencido a su padre Joselete para que ofreciera una pincelada en su noche. Como sabemos, Zarzana era un reputado pescaero de cuchilla de la plaza de Abastos y, fuera de ella, un gitano elegante y cercano. Tenía lo que coloquialmente se dice un gran paladá y cierta querencia al arte; atesoraba una excelente colección de pintura de Carlos Ayala y gustaba de apuntar el cante aunque nunca como profesional.
Yo hablé con Moraíto y le pareció buena la idea. Lo que no sabíamos era el revuelo que se iba a organizar en aquella noche del mes de la vendimia jerezana de hace ya 23 años. José Zarzana comenzó a acariciar las teclas de su piano por zambra cuando María del Mar Moreno, brazos en alto, tras recitado, secundó los acordes de la ‘Salvaora’. Entonces, se abrió la puerta del viejo cabildo y entre aplausos salió templado José Zarzana padre. Camisa azul de seda con fajín y calado con un sombrero de ala ancha. Yo sólo he visto uno mejor puesto en mi vida, a Rafael de Paula en su homenaje de Madrid, con eso lo digo todo.
Zarzana, acostumbrado a dar voces en su puesto para vender el pez de espada, pero ahí sacó un hilo de media voz, despacio y medido, para decir el cante con un eco de terciopelo. El inicio de ‘Quién te puso Salvaora’...de caracoleras maneras ya levantó una sonora ovación que continuó con un diálogo muy especial entre pianista, bailaora e intérprete.
Me consta, por sus hijos Luis y José, que al bueno de nuestro protagonista se le iluminaba el rostro cada vez que le recordaban aquel momento de arte que nadie esperaba. Yo mismo, cuando lo veía por el centro, le decía que había regado aquella plaza de gotas de perfume gitano. Y él me daba siempre un abrazo emocionado.
Muy pocos en Jerez me han reconocido aquel ciclo de Jerez y sus familias cantaoras. Como si nunca hubiera existido, aunque yo tampoco espero nada del pueblo y sus derivados, que diría Fernando de la Morena. Pero sin duda, momentos como aquellos de José Zarzana, padre e hijo, recompensa todo olvido sobre aquello.
Desde estos caminos del cante, sólo deseo enviar un fuerte abrazo a toda la familia en estos momentos. Y a José Zarzana Quirós que descanse en paz. Seguro estoy que sus últimas horas recordaría con satisfacción aquellos aplausos, hoy dirigidos a los cielos de Jerez, en su homenaje.
José María Castaño @caminosdelcante

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