Aquí nuestro artículo en la revista de flamenco Al-Yazirat, correspondiente al número 28 -mes de noviembre 2024-, que edita la Sociedad del Cante Grande de Algeciras. Con periodicidad anual, contiene monográficos sobre artistas destacados y destacadas del flamenco, incidiendo en su vinculación con Algeciras y el Campo de Gibraltar a los que se le otorga la Palma de Plata de la ciudad. (Foto de Ramón acompañando a Camarón de la Isla incluida en la publicación como archivo de los Sánchez)
Ramón de Algeciras y la obra coral de ‘Los Lucía’
Imagino que todos los compañeros de tribuna en este número de la revista Al Yacirat de forma inevitable coincidiremos en aquello del ‘hermano de’. No es nada nuevo porque la historia del género jondo está llena de artistas que quedan un poco opacados por la brillantez de algún miembro de su familia. Así, de momento, me vienen a la mente claros ejemplos como los de Curro Mairena o Bernarda de Utrera, por citar sólo algunos. Intérpretes de incuestionable valor por sí mismos pero que se han visto relegados a la penumbra, como lunas que reflejan la luz del sol. Así que, de momento, disculpad la más que posible reiteración, obligada por otra parte.
Teniendo en cuenta esta premisa, yo me voy a referir más bien a la obra de conjunto o coral de la familia Lucía o Sánchez Gómez. Porque, con independencia del brillo estratosférico de Paco, no es menos cierto que todos formaban un equipo o, mejor dicho en lenguaje flamenco, una saga artística que se complementó entre sus miembros. ¿Podemos aislar a Ramón o a Pepe, incluso a Antonio padre de la obra de Paco y viceversa en todas las obras de cada uno de ellos? Yo lo dudo.
A menudo se habla del aprendizaje ricardista del genio de Algeciras partiendo de su padre pero no debemos olvidar que sería Ramón de Algeciras el verdadero camino introductorio para su hermano. Ya era casi profesional cuando a Paquito apenas le llegaban las piernas al suelo desde la silla y la guitarra se veía inmensa en sus pequeñas manos. A mayor abundamiento habría que reseñar que Ramón no sólo se limitó a ser segunda guitarra; también una fuente de conocimientos del cante y el acompañamiento del mismo que sólo atribuimos al patriarca de la saga, Antonio Sánchez Pecino.
Toda una década al lado de un maestro como Juan Valderrama debió conferir al mayor de los Sánchez Gómez de una apertura estilística sin igual, complementada por otras voces como las de Niño de Barbate, Pericón de Cádiz, el Culata, el Chato de la Isla, La Sallago, el Puebla, Juanito el de la Gineta (luego Juan Villar), Gabriel Moreno, el Niño de Camas, el Peluso, Isabelita Vargas, Cobitos, Luis de Córdoba o Curro de Utrera, con los que grabó, amén de su hermano Pepe cuando se llamaba Pepe de Algeciras y aún no Pepe de Lucía. Ramón de Algeciras estaría muy inmerso y participativo en todo el concepto armónico y baraja de cromatismos que servirían para aquellos incipientes discos en comandita de Ramón y Paco sin que ninguno aún tuviera más importancia que el otro al decir de las portadas: ‘Dos Guitarras Flamencas en América Latina’ (1967); ‘Canciones Andaluzas para 2 guitarras’ (también de 1967) y ‘Paco de Lucía y Ramón de Algeciras en Hispanoamérica’ (1969). Todos estos álbumes de larga duración para la casa Phillips.

Todos con Camarón de la Isla
Si podemos hablar de una obra coral de los Lucía, yo creo que se manifiesta de un modo muy claro en la discografía de José Monge Cruz ‘Camarón de la Isla’. Hasta ahora se habla únicamente del encuentro con Paco de Lucía, pero entiendo que es limitar el papel de toda la familia y faltar de algún modo a la verdad o contarla a medias.
Los primeros discos del mito isleño con el genio de Algeciras, y en especial aquellos que van desde 1969 a la primera ruptura que supuso La Leyenda del Tiempo de 1979, están impregnados de aportaciones de toda la saga. Comenzando por el productor y autor de prácticamente toda la totalidad de las letras en esa primera etapa. Antonio Sánchez Pecino propuso un conjunto de discos de larga duración que se configuraría como una antología flamenca. Para ello debió volcar todos sus conocimientos de la guitarra – y del cante, por supuesto- para sacar a Camarón de su adscripción a la escuela gaditana. Imagino que Ramón de Algeciras participó tanto como su padre en todo el proceso. Tal vez con mayor relevancia en toda la gama de cante levantinos de los que seguramente Ramón fuera todo un especialista gracias a su etapa con Valderrama, un maestro en estas lides. Incluso, yo creo que recomendaría al de Torredelcampo a aquel joven rubio de la Isla de León en sus primeras salidas con compañías. Con independencia de este aspecto, asociado al cante, está toda la segunda guitarra de Ramón para complementar el toque de acompañamiento de su hermano Paco.
Y no me quiero olvidar, en este papel grupal, de una figura que se suele obviar en todo esta tarea de la familia en los discos de Camarón, hablo de Pepe de Lucía. Hay giros y formas suyos que se aprecian claramente en la colocación de la voz del isleño en su evolución y utilización de los tonos altos. Cuentan fuentes verídicas que, cuando José debía salir de su repertorio más habitual, no pisaba el estudio sin Pepe de Lucía. Es leal reseñarlo.
Por todo ello, opino que Ramón de Algeciras, aparte de su propia discografía, fue parte mayúscula en esa obra coral. Por técnica, conocimientos y solidez interpretativa. Desde Jerez me alegra sobremanera esta concesión de La Palma de Plata por parte de su tierra Algeciras. Por tanto, felicito al Ayuntamiento de la ciudad y a la Sociedad del Cante Grande por arrojar luz sobre un gran artista flamenco como fue Ramón Sánchez Gómez, a la sombra de las siempre injustas comparaciones.
José María Castaño @caminosdelcante
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