Aquella bala que resonó como un grito contra la humanidad no pudo matar al poeta. En cambio, sus asesinos nunca descansarán en paz. Han pasado 87 años de un cobarde fusilamiento que nunca alcanzó su cruel objetivo. Federico García Lorca está cada vez más vivo. También en la voz de los flamencos que honran a diario su memoria en todos los escenarios del mundo.
Como ya comentara en un artículo, con motivo del 125 aniversario de su nacimiento:
El Flamenco y Lorca es una historia de ida y vuelta. Primero, Federico se siente atraído e inspirado por su lenguaje poético, pero también por el musical; dado que conocía la música y la interpretaba. La jondura fue un halo que inundó sus versos y de camino le sugirió un collage de imágenes propicias para el concepto vanguardista al que perteneció por su época. No conviene olvidar que la Generación del 27 fue uno de los vehículos principales de entrada en España de la corriente artística y estética que propugnaba ir ‘más allá de las fronteras establecidas’ a principios del siglo XX.
Andando el tiempo, aquella inspiración que fue el arte jondo para Federico giró de sentido. De este modo, el poeta se erigió en una fuente profunda donde beber para los flamencos. Y ese trasiego se produjo de forma muy natural, pues de algún modo volvía al flamenco aquello que nació de su halo. No quiero dejar atrás ninguna obra pero ahí están los monumentos que artistas como Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Camarón de la Isla, Enrique Morente, Carmen Linares o Miguel Poveda le han tributado para la eternidad. Amén de muchas puestas en escenas por compañías de baile. Sólo por citar algunos de los más significativos. Nadie se enfade.
¡Los flamencos también mantienen viva la llama de vida y poesía de Federico García Lorca!

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