Andrés Calamaro en Jerez, bajo el embrujo de El Torta y Rafael de Paula

Poco después de finalizar su concierto de la Bodega Las Copas de González Byass dentro del Tío Pepe Festival, el músico argentino declaró en sus redes sociales: ‘Jerez de la Frontera… ¡Viva Jerez!… ¡Qué pedazo de recital terminamos hace un rato!… Templado, escuchado… Muy especial cantar en la cuna del cante, la París de Andalucía y el arte flamenco y gitano… (Fotografía: Andrián Fatou / Tío Pepe Festival)

Me dicen los que conocen bien a Andrés Calamaro y su grupo que fue uno de los mejores conciertos que han ofrecido en los últimos años. Tal vez, las continúas alusiones al arte de Jerez sirvieron de estímulo e inspiración. Fueron muchos los recordatorios a lo largo de las casi dos horas en el escenario. Lo primero que dijo, y hablo un poco de memoria, fue que era muy especial tocar entre esos dos barrios gitanos de Jerez como Santiago y San Miguel… para seguir comentando que ‘todos los músicos del mundo saben que esta ciudad está sublimada en el arte y por el arte’.

Calamaro seguía cantando cada vez más a pecho y cuerpo limpio, mientras su grupo redondeó sus aportaciones musicales con excelencia. Todo: el bajo, la guitarra eléctrica, batería y teclados estuvieron al compás del apoteósico triunfo argentino en tierras borbóreas. En este capítulo, tuvo un especial agradecimiento al guitarrista flamenco Niño Josele de Almería, quien iba de artista invitado.

Andrés Calamaro con su banda en Tío Pepe Festival (Fotografía: Andrián Fatou / Tío Pepe Festival)

A cada canción, con ese swing tan particular de la banda, y entre los versos cantados, Andrés se iba soltando de todo lo preestablecido para mostrarse cercano, herido por sus canciones, abandonado a las emociones… Por momentos, fue cantaor por encima de vocalista. Porque a Juan Moneo ‘el Torta’, su admirado Juan, lo tuvo bien cerca mostrando ese camino donde hay que desprenderse de todo, incluso de uno mismo, para transmitir.

Calamaro invocó al pura sangre de la Plazuela, su Juan, pero también a Terremoto, a la Paquera, a Lola Flores, a Moraíto, a Luis de la Pica, a El Bo, Capullo de Jerez y especialmente a Periquín Niño Jero. De hecho, comparaba a su teclista una y otra vez como ‘nuestro Niño Jero’, un mago del compás. Y, dentro de su otra pasión, la tauromaquia, no faltó el guiño a Juan José Padilla y a quien soñó el toreo como nadie: el de las medias verónicas arcangélicas, Rafael de la Paula.

Andrés Calamaro en Jerez. Esta es a modo de una crónica lo vivido entre los lances y quejíos de un rockero, por una noche, revestido de flamenco. Será la tierra, con ser la tierra… esa que unió en su magia el Barrio Negro de Buenos Aires con La Plazuela y Santiago en aquel concierto de rock argentino en la que soplaron los duendes de la jondura.

José María Castaño @Caminosdelcante

Nota_ Agradecemos su colaboración y sus amabilidades a Ángela Gentil de Surnames Comunicación para la realización de esta entrada.


Comentarios

Deja un comentario