El mero hecho de anunciar cualquier cambio sustancial en la principal cita hispalense con el flamenco y las aguas calmas se tornan en revueltas allá por donde besa el Guadalquivir sus orillas. Si la noticia versa sobre el nuevo director de la misma, bajan bravas. Puede que, en la ‘escala sismológica Ritcher, versión de improperios varios’, la plaza se sitúe en sus primeras posiciones. Una silla que tiene forma de diana desde mucho antes de ser ocupada. (En la foto de Rina Sraborian, Luis Ybarra con un LP de José Menese en la mano)
Quizás la palabra que se escuchó con más profusión ayer fue la de ‘sorpresa’ al anunciarse el nombramiento de Luis Ybarra como nuevo rector de los destinos de la Bienal. El propio periodista la hizo suya, incluso, en algunos medios de comunicación. De inmediato, se dejaron ver los pre – juicios sobre la designación, ahora que todos tenemos nuestra propia hoja parroquial. Unas incipientes críticas que sobre todo versaron en el orden de la juventud e inexperiencia en asuntos de la gestión cultural del flamante director.
Yo opino que habrá que dejar trabajar al nuevo director en su difícil tarea. Y una vez finalice su primera Bienal criticar todo lo que sea conveniente, pero no antes. Los famosos 100 días que tienen hasta los políticos. Tal vez su juventud juegue a su favor y traiga nuevos aires a una cita, que según todos, necesita ser revisada. O quizás todo lo contrario, le vaya en su contra. Pero ahora mismo, no es momento para estas valoraciones y la presunción de inocencia tal como su buena voluntad deben prevalecer a los ya deseos de arrojarlo a las hogueras. Tiempo habrá en uno y otro caso.
En favor de Luis Ybarra debo decir que, por encima de otra circunstancia a valorar, ama profundamente nuestro arte y hace gala de una afición desmedida. Ya es un gran paso adelante esto que le ‘duela’ el flamenco. Luis además es un joven con una buena formación y lo suficiente humilde para saber llamar a algunas puertas en asuntos que pudieran quedar lejos de su alcance. Es seguro que querrá lo mejor para La Bienal y el arte que representa.

No creáis que la ecuación se despeja con dificultad. Todo lo contrario. Aquellos artistas, representantes, y lobbies que se vean en los carteles hablarán gloria de Luis Ybarra. Y, a sensu contrario, aquellos otros que se vean excluidos de su participación hablarán pestes de él, en arameo y los dialectos varios que se les vaya ocurriendo. Así de difícil y de simple. Es un toro, valga la expresión por su cercanía a la Maestranza, que siempre coge bien por el derecho o el izquierdo; son muy variopintos los ámbitos en los que se manifiesta el arte flamenco.
Por nuestra parte, sólo podemos pedir un voto de confianza a Luis Ybarra Ramírez, al menos hasta que salga la programación. Es lo justo. Una opinión tan vez algo subjetiva, porque lo consideramos uno más de nuestra amplia familia de caminantes. Apenas siendo un estudiante de periodismo, comenzó sus pinitos en Los Caminos del Cante con una serie de artículos que, agrupados, fueron el contenido de su primer libro. Y estamos muy orgullosos de ello porque hemos visto siempre en él una gran dedicación y pasión a nuestro arte, con tolerancia y educación. La misma que deseamos para él en estos momentos.
Nadie duda que es un gran reto y será, pase lo que pase, una gran enseñanza para él como aficionado y como persona. De momento, y ya que me habéis permitido el símil taurino, nuestro aliento y mejores deseos en tal complicada faena. Y que la cornada sea lo más leve posible.
José María Castaño @caminosdelcante

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