Algunas curiosidades y datos sobre la evolución de la Zambomba (capítulo 3)

LA PERVIVENCIA DEL ROMANCERO (Dedicado a Virtudes Atero Burgos “La Chispa”).- Con independencia de establecer unos límites temporales a la aparición de la zambomba, como reunión popular, un factor muy decisivo de su evolución y desarrollo es el arraigo del Romancero español en los siglos XV y XVI. Tan es así que hoy día en nuestras coplas perdura buena parte del mismo. (En portada, antiguo grabado del romance de Don Bueso o la Hermana Cautiva tan popular en nuestra zambomba como “Al Pasar por Casablanca” que de más antiguo comenzaba por “Era el día de los torneos” aparece firmado como bayeus.datensalta.net al que corresponden los créditos)

Como admite la profesora la Universidad de Cádiz, Virtudes Atero Burgos, a la que citaremos en más de una ocasión y a la que dedicamos esta entrada en recuerdo a cuando fue nuestra Vicerrectora de Extensión en la Universidad de Cádiz,  en su obra “El Romancero y la Copla: formas de oralidad entre dos Mundos” resulta casi milagroso que “el Romancero Tradicional haya sido capaz de sobrevivir desde la Edad Media hasta hoy”.

En el camino claro está que un cuerpo lírico que se sustenta en lo oral está sujeto a múltiples transformaciones y sobre todo al fragmentarismo ya que depende o dependía en buen grado de la memoria de las personas.

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Publicación de la profesora Virtudes Atero Burgos (UCA)

El Romance tal cual se define como “un tipo de poema característico de la tradición hispana e hispano americana por extensión y propio de la tradicional oral que arraiga en pleno siglo XV con un fuerte acento narrativo sobre muy diversos temas”. La colección de romances pasó a denominarse el “romancero” con una estructura métrica muy nuestra: el verso octosílabo de rima asonante con los versos impares libres (que es también norma común en el flamenco posteriormente).

Nuestro amigo Luis Suárez Ávila de El Puerto de Santa María afirma por su parte que el Romancero, en sus más variadas manifestaciones cantadas y/o recitadas, se constituyó en la “costumbre oral más entrañable del mundo pan – hispánico” pues entró con fuerza en todas las capas de la sociedad e, incluso, dio paso a ciertos profesionales que iban cantándolo por las plazas de los pueblos y villorrios.

Abunda al respecto la profesora Virtudes Atero confirmando que en aquella época “el Romancero formaba parte del modo de pensar y sentir de los españoles hasta el punto de arraigar en su vida cotidiana.

En principio, el romance tenía un contenido muy “noticiero”. Imaginemos el siglo XVI por ejemplo ante la falta de medios de comunicación de hoy, la primera noticia solía correr de boca en boca bien por un bando pronunciado por el alguacilillo o, en las capas más populares, en forma de romance de pueblo en pueblo y que quedaría en la memoria de sus habitantes y muchos de ellos impresos el pliegos de cordel o de ciegos.  No cuesta trabajo pensar que hoy día circularía un romance para dar cuenta del cambio de Rey o de los líos de la Infanta por citar algo comprensible.

El romancero viajó a las Américas donde también ahonda con fuerza. Pero en esta expresión artística colectiva y a finales del siglo XVII  los temas del romancero comienzan a ofrecer signos de agotamiento y en su mayoría pasan del carácter noticiero al narrativo y novelesco. De paso muchos de ellos, por mor de la necesidad del pueblo de quejarse a su forma del gobierno, la monarquía y el clero… tiñen sus formas en la sátira y lo burlesco alojándose en las capas menos nobles de la sociedad, “de común gente iletrada y de los campos alejadas de la literatura escrita”, confirma la profesora Virtudes.

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Recopilación Joaquín Díaz. Los romances junto a villancicos y aguinaldos

Recordemos en este punto cronológico como admitimos al inicio de nuestro trabajo que los núcleos rurales fueron decisivos en la conservación de la tradición oral española, al extremo de admitirse sus canciones como “la copla de los villanos”.

Así permaneció el Romancero Oral. Como bien dice Atero: “se había preservado amorosamente en la conciencia del pueblo” hasta su rescate bien entrado el siglo XIX cuando el romanticismo “indaga” en la conciencia de los pueblos y sus señas de identidad para redescubrirlos.

Ahí está la inmensa labor de muchos intelectuales que salvan de la quema del olvido muchos romances, hoy prácticamente extinguidos por el mundo moderno y las nuevas tecnologías, tal vez capitaneados por el Seminario Menéndez Pidal un poco más tarde, en 1946, aglutinando un buen número de estos “arqueólogos del romancero”.

Dentro de su temática nos encontramos con el Romancero “del ciclo Navideño” canciones y coplas que durante las largas noches del Adviento contenían letras alusivas al Nacimiento del Niño Dios (como “Los Caminos de Hicieron” que en muchos lugares de la Península se denomina “Buscando Posada”) que, en un principio, compartían mesa con campanilleros (propios de los Rosarios de la Aurora) o los antiguos autos sacramentales.

Pero también aparecían en las reuniones cantadas una temática diversa que por algunas cuestiones selectivas habían quedado prendadas en la memoria y que nada tenían que ver con la Navidad en sí misma. Por ejemplo el Romance de Don Bueso que cristaliza en la conocida copla de “amores fronterizos” (un tema muy conocido en toda Europa) que hoy conocemos como “Al pasar por Casablanca”.

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Otra antigua ilustración del romance de Don Bueso de donde sale posteriormente  el popular “Al Pasar por Casablanca”

Cuestión aparte y muy sorprendente es la pervivencia del romancero de corte épico (como por ejemplo las andanzas de Bernardo el Carpio, el Conde Sol o El Cid Campeador, entre otros) que el investigador Luis Suárez Ávila descubrió en algunas gitanerías del sur de España con epicentro en El Puerto de Santa María, Jerez o Lebrija. A este apartado deberíamos dedicarle un capítulo aparte, entre otras cosas por su alta incidencia en el desarrollo posterior de las primeras formas flamencas.

En definitiva, las personas del pueblo llano llegadas las vísperas de la Navidad (según nuestro amigo, el estudioso Manuel Naranjo Loreto, comenzaban una vez había concluido el día de los difuntos) se reunían en torno a la candela a cantar el Romancero del Ciclo Navideño, como en otras épocas del año se hacía lo propio con las del ciclo de Carnaval, la Recolecta de la cosecha, el Día de San Juan etc…

Una vez el colectivo, todo él, comenzaba a recordar las coplas puramente navideñas y para llenar las horas se extendía el repertorio con romances de todo tipo hasta perpetuarse como una gran amalgama de coplas de Nochebuena pero también canciones infantiles, canciones de quintos (que las mocitas cantaban a sus novios cuando marchaban al servicio militar o las guerras), romances antiguos, canciones enumerativas dando vida a un pavo o a una gallina de puro entretenimiento, coplas erótico – burlescas buscando el guiño cómplice de las mujeres y un largo etcétera hasta conformar toda una riqueza patrimonial oral sin igual.

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Nuestras zambombas de hoy siguen siendo herederas directas de estas reuniones cantadas de las gentes sencillas que si bien se hacían en toda España fueron perdiendo fuelle y recluyéndose en ámbitos muy restringidos y domésticos de “puerta adentro” como me confirmó Naranjo Loreto en la radio. A ello contribuyó decisivamente la pérdida de funcionalidad en cuestiones de divertimento al llegar la radio y la televisión, así como el desarrollismo que dio paso a la emigración de las zonas rurales a las ciudades y, en ellas, de las casas de vecinos a los bloques.

José María Castaño @Caminosdelcante

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