La revolución de los vinos de Jerez también llega a Francia… para quedarse

Por suerte, y el desvelo de muchos, la revolución mundial del vino de Jerez comienza a ser un hecho palpable tras algunas décadas en la penumbra. El jerez es sin duda uno de los grandes vinos del mundo y tenemos que presumir de ello; como hicimos desde Los Caminos del Cante con los vinos de Emilio Hidalgo y nuestro Flamenco & Sherry en la ciudad de Albi (Touluse; Francia) el pasado fin de semana haciendo embajada jerezana en Europa.

En círculos de grandes conocedores del comercio internacional de nuestro vino siempre habíamos escuchado que, de modo contrario a los países de habla anglosajona, Francia siempre había sido un mercado más complicado para el vino D.O. de Jerez (aunque algunas grandes marcas tengan apellidos francófonos como los Hauries – Domecq). El país galo posee trece grandes zonas productoras de unas extraordinarios vinos que en el plano internacional están inmensamente valorados como los borgoñas, los burdeos, champagnes… entre otros muchos hasta alcanzar las trece zonas vínicolas…

Esta circunstancia unida al conocido, y muchas veces envidiable, chovinismo hace que los vinos de fuera del país tengan un acceso no restringido pero sí más exigente. No obstante, y al menos en el sur de Francia, hay unas autopistas de entrada que ignoro si estamos utilizando de forma correcta: los mundos del toro y, sobre todo, del flamenco, amén de una gran colonia de familias oriundas de España que los tienen como credo y estandarte.

Seguiremos insistiendo hasta la saciedad que sendos aficionados son más que potenciales consumidores de jerez, porque es la bebida asociada a dichas artes. Por ejemplo: no podemos ir a Nimes, entrar en un bar o restaurante de los muchos que allí existen de temática andaluza con carteles de Rafael de Paula y fotos de Moraíto o El Torta y que no haya un jerez en la carta de vinos. Es señal que algo no estamos haciendo bien.

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Los vinos de Emilio Hidalgo Jerez fueron extraordinarios embajadores

Y lo he vuelto a comprobar por segundo año consecutivo en la ciudad de Albi (Touluse) con la Asociación Flamenco Pour Tous que celebró el pasado sábado su veinte aniversario. Una gran familia que cuenta con cerca de cien afiliados y se reúne en torno al flamenco, su cultura y el baile. Un colectivo muy unido que tras nuestro paso el año pasado con nuestra Flamenco & Sherry Experience, quisieron repetir; si bien lo hicimos con el estreno de un nuevo formato, el de “Cinema – Edad de Oro”. Entonces con los vinos de González Byass y en esta ocasión con los de la bodega Emilio Hidalgo Jerez que tuvieron una extraordinaria acogida.

Imaginen una cata para más de cien personas con el vino de Jerez como protagonista y en Francia nada menos.  Claro que el país vecino tiene a la cultura como un gran vehículo para el desarrollo social.  Una prueba está en que uno de los barrios más humildes de Albi es el que solidariamente tiene mejores equipamientos culturales y deportivos, a modo de una especie de compensación por la situación económica de sus vecinos.

Una sala multiusos sorprendente para ser de barrio y que costaría encontrarla en algunos municipios de España. Allí todas las asociaciones culturales comparten de modo gratuito un escenario dotado de los mejores avances tecnológicos.

Aparte de ello, por ser cuna de las vanguardias europeas, los franceses premian por encima de otra cuestión la creatividad; es algo que defienden y les seduce. Así, la tierra natal de Touluse – Lautrec acogió de forma entusiasta la original propuesta de Los Caminos del Cante: establecer puentes culturales y sensoriales entre una determinada época del flamenco y los vinos de jerez ilustrado por bailaores “ya” de la talla de Charles Chaplin, Harold Lloyd y Laurel y Hardy siguiendo nuestro lema: disfrutar aprendiendo y compartiendo.

Fue todo un lujo poder realizar allí el estreno de nuestra nueva Flamenco & Sherry Experience “Cinema – Edad de Oro” y venimos muy contentos de cómo se ha sabido acoger y disfrutar esta idea ciertamente novedosa y atrevida.

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Original mantel de catas para la nueva idea de Flamenco & Sherry by Los Caminos del Cante

Tío Chaplin con fino Hidalgo, Harold Lloyd con oloroso Gobernador y Laurel y Hardy con cream Morenita de Hidalgo Jerez desplegaron toda la versatibilidad que tiene el jerez para armonizar y transformarse en el mundo de la cultura, aparte de la gastronomía.

No queda sino felicitar a la Asociación Flamenco Pour Tous de Albi (Touluse; Francia) por su XX aniversario y darle las gracias por querer celebrar este cumpleaños con nuestra actividad y el vino de la tierra como protagonista.

¡Merci!

Y ahí está la prueba escuchada a una de las participantes: “Cuando bebo vino de jerez siento el flamenco con más intensidad y bailo mucho mejor, más inspirada”… Y son cientos de academias y asociaciones repartidas por Francia y por otros sitios de Europa…

El arte jondo es hoy día una autopista para nuestro vino… y la prueba es “fina” y en botella.

José María Castaño.-

Un notable, la valoración global al I Congreso UCA – Jerez dedicado a Juan Mojama

Coral Ojeda Gómez, gestora del Vicerrectorado de Responsabilidad Social, Extensión Cultural y Servicios de Extensión Universitaria de la Universidad de Cádiz, nos ha remitido una nota de evaluación por parte de los matriculados al I Congreso UCA – Ciudad de Jerez dedicado a “La Modernidad Cantaora de Juan Mojama”. Unos datos que sirven, sobre todo, para aprender de cara al nuevo congreso.

Como todo lo que se hace por vez primera, una actividad está expuesta a una serie de aciertos y de fallos en la organización que son siempre una fuente de enseñanza. Y de eso se trata. Para ello nos va a ayudar muchísimo el informe estadístico del Congreso “La Modernidad Cantaora de Juan Mojama” en el que se incluyen datos de perfil del alumnado, así como el resultado de las encuestas de evaluación que nos acaba de enviar Coral Ojeda desde la Universidad de Cádiz.

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Todas las sesiones al congreso gozaron de una muy buena asitencia de público. Foto: Seve Izquierdo

VALORACIÓN GENERAL

De un total de 22 asistentes con matrícula oficial abonada (sin contar para la encuesta a los oyentes y espectadores esporádicos) como dato predominante nos quedamos con la valoración general de los aspectos didácticos y que ronda el notable como nota media. Partimos de la valoración global de la actividad que ha alcanzado un 7.44 de media en total; si bien destaca que un 44% de los asistentes solo concede un 6 como nota media.

Hablamos siempre de una valoración entre 0 (mínima nota) y 10 (máxima nota).

La valoración de la docencia recibida, se mueve en parámetros muy parecidos por la nota media en total, alcanza un 7,30; aunque de nuevo aparece un 40% que solo concede 6 de nota. Así como la valoración de material pedagógico que alcanza de media total 6.30, siendo la nota de 6 y 4 las más votadas.

VALORACIÓN DE ASPECTOS CONCRETOS

En otro apartado, no ya exclusivamente destinado a las materias docentes, hay una división de opiniones que nos van a servir y mucho:

La atención al alumnado en materia de información y matriculación (un aspecto que depende exclusivamente del personal de la UCA) es una de las notas más alta registrada: 8,11 de nota total.

En este orden los mayores picos de puntación vienen de:

  • Valoración del ambiente del grupo obtiene la máxima nota, casi el sobresaliente con un 8,80 de nota total, lo cual nos alegra expresamente.
  • Valoración de la sede de la actividad (es decir, La Sala Julián Cuadra del Museo Arqueológico en el Barrio histórico de San Mateo en Jerez)… también muy alta: un 8,40.
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Una de las mesas de estudio del congreso: en orden JMª Castaño, Manuel Curao, Antonio Barberán, Alberto García Reyes, Alfredo Benítez y Antonio García. Foto: Seve Izquierdo

Sin embargo, hay que tener muy en cuenta de cara a próximas citas que la peor nota registrada es en un apartado muy esencial de un congreso académico, algo que hay que cuidar mucho más de cara a próximos compromisos:

  • La valoración de la puntualidad de las sesiones del congreso solo alcanza un 6.60 por ciento de la valoración.

Un registro que debe hacer pensar en tener un mayor rigor en el cumplimiento de los horarios establecidos de antemano. No es ninguna excusa pero pudo estar debido a que se programó la primera actividad de sábado muy temprano: a las 10.00 am y el grueso de congresistas llegó una hora más tarde aproximadamente con lo cual se produjo una especie de efecto dominó de toda la jornada del sábado que resultó demasiada condensada en contenidos y casi todas fuera de su horario previsto.

¡Muy a tener en cuenta!

Finalmente señalamos algunos datos de interés:

  • No asistió ningún extranjero matriculado.
  • Matriculados: 40% de la provincia de Cádiz / 40% resto del país / 20% resto Andalucía

Para concluir señalamos que el grado de satisfacción conseguido entre lo pagado en la matrícula y lo recibido sí es de un 10, votado por el 100% de los encuestados. Pero en este aspecto hay un comentario anónimo que insiste en que había dos almuerzos programados y solo se hizo uno; así como la inexistencia de los cafés reseñados y que solo se hiciera una de las dos visitas programadas a Bodegas Tradición y “que todo esto empañó mucho el éxito del Congreso que no terminó con el brillo esperado”, según este testimonio personal y anónimo.

En otro extremo otra nota anónima señalada añade e insiste en que se “haga un II Congreso de Flamenco UCA – Ciudad de Jerez”.

Fuente de la encuesta:

Logo color extensión universitaria

Por nuestra parte, decir que ya estamos a esperas de anunciar el II Congreso y que más que posiblemente sea el penúltimo fin de semana de noviembre 2016 en el mismo lugar y con un concepto muy parecido, el de “modernidad cantaora” pero aplicado a la figura de la mujer. En breve tendréis noticias.

Para este congreso vamos a crear la figura del voluntario colaborador en próxima reunión para aquellas personas que quieran colaborar en la organización y desarrollo del congreso del próximo noviembre, incentivándose con la matrícula reducida.

Lo que sí nos alegra sobremanera es que, teniendo muy en cuenta nuestro errores para aprender de ellos, la figura de Juan Mojama ha sido revalorizada un poco más que era el objetivo principal. Se han recuperado en disco sus grabaciones que estaban descatalogadas; gracias a Carlos Martín Ballester (Círculo Flamenco de Madrid) se han rescatado unos fandangos que permanecían inéditos y que artistas de la talla de Antonio Reyes, José Mijita o Jesús Méndez han comenzado a integra cante de Mojama en su repertorio. Y esto sí que es de una buena nota.

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Entre otros aspectos, el congreso sirvió para rescatar un fandango inédito de Juan Mojama, gracias Carlos Martín Ballester, en la foto junto a Paco Vargas. Foto: Seve Izquierdo.

Al igual que la gran repercusión nacional y autonómica, que no local, en los medios de comunicación sobre la figura y los cantes de Juan Mojama en El País, El Cultural de El Mundo, Radio Nacional de España, ABC, Canal Sur Radio o Los Caminos del Cante (Onda Jerez – EMA Andalucía)

Gracias a Coral Ojeda (UCA) por estos datos y recordad próximo congreso los días 18, 19 y 20 de noviembre 2016 en Jerez.

¡Pronto os informaremos!

Os puede interesar el link a la revista electrónica Alboreá del Instituto de Flamenco de la Junta de Andalucía que nos regaló las actas del Congreso “La Modernidad Cantaora de Juan Mojama”, gracias al excelente trabajo de la periodista Aida Rodríguez Agraso. Buscar en la página número 16 y siguientes:

http://www.juntadeandalucia.es/cultura/iaf/export/sites/iaf/galerias/Descargas/nueva_alborea/ALBOREx_34_20160215.pdf

Memoria del Compás del Cante (2002): “El Chocolate” (con entrevista a Antonio Carrión)

(Por Luis Ybarra).- El cante hondo en su máxima expresión fue reconocido en la XIX edición de la distinción. Aquel año el galardón honraría a los duendes torreriamos y a los sonidos ajados de otra época. Antonio Núñez Montoya “Chocolate” fue cobre viejo. Tal vez por ello el jurado decidió premiar a una “universidad viva del cante por transmitir en su total pureza un patrimonio cultural a las generaciones posteriores”.

Aquel gitano ennegrecido de Jerez se marchó de su lugar de nacimiento a los 6 años de edad, afincándose en el barrio de El Porvenir de Sevilla. A finales de los años 30, cuando todavía era un niño, el flamenco proliferaba en algunas zonas de la ciudad. De este modo, creció en La Alameda junto a los compases y arreones de algunos de los cantaores más grandes de la historia, como Tomás Pavón, La Niña de los Peines o Manuel Vallejo. Así se hizo testigo de los fandangos personales del Sevillano tras la elegante fatiga del Pinto, siempre que el inalcanzable eco del Gloria les diera paso y cuando Caracol no anduviera en los titiriteos de su bulería. Todo ese cante era oro. Y Chocolate se empapó de él.

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Antonio con Pastora Pavón y Pepe Pinto en el Bar Pinto de Sevilla  

Sus primeros trabajos como profesional, después de actuar en Melilla, tienen lugar en el llamado Casino de la Exposición de Sevilla, cantando de manera asidua. Más tarde marcha a la capital, al Corral de la Morería, donde le brindaría el dolor de su gaznate al baile de Farruco, su cuñado. Y de vueltas a la ciudad en la que Sordillo de Triana, su primer maestro, le enseñó toda una escuela de soleares y adoquines, entró a formar parte de diferentes compañías. Entonces cruzó los océanos para llevar su arte por Europa, América y Japón.

A principios de los años 60, El Chocolate comenzó su carrera en solitario, dejándose ver por los festivales junto a las primeras figuras del flamenco. Cabría destacar que optó a la III Llave de Oro en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba en 1962. Además de ganar el premio Pastora Pavón y obtener una primera posición en el VII Festival de Cante Jondo de Mairena. Su carrera se ya se había lanzado. Desde entonces, recorrió el mundo en continuas giras y formó parte de los ciclos y festivales de mayor importancia. Se le consideró un referente para las generaciones que empezaban a formarse y dueño de un estilo del que solo él tenía la llave.

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En su garganta se encontraban las uvas de Jerez con el aire de la Alameda y Triana. Chocolate fue el que amortajó una seguirilla de Cagancho recordando a Manuel Torre. Pero también el cantaor que miraba a la primera fila en las actuaciones para que su mujer le chivara las letras de los fandangos cuando se le olvidaban. Sin duda, un personaje singular. Cantaor de humilde grandeza. Eco anquilosado en otro siglo. Gañafón crudo, sin caricias, con sangre y pocos adornos.

En el mes de julio del año 2004, con el mismo calor denso que forjó sus formas cantaoras, se marchó por la vereda de la agonía. La luz amarilla del verano tomó un color cetrino y el cielo se apagó tras los candiles de la tarde. Un llanto sonó en La Alameda, y su queja, después de ronca, quedó muda.

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Desde Los Caminos del Cante, agradecemos a Antonio Carrión, “El Carri” para Chocolate, su amabilidad a la hora de compartir las vivencias de 12 años tocándole sobre los escenarios.

Entrevista Antonio Carrión

– P: ¿Cómo conociste a Chocolate, Antonio?

Antonio Carrión: No recuerdo el año, porque hace ya muchos, pero fue en el Festival de Montilla. Yo le toqué a José Menese, y Chocolate estaba por allí. Le gustó cómo soné con Menese y en los camerinos me dijo que le acompañará un poquito. Después empezó a llamarme de vez en cuando para trabajar y, al final, me pasé 12 años con él.

– P: ¿Era difícil acompañarle con la guitarra?

R: Sí, era dificilillo porque era algo quisquilloso con todos los guitarristas. Había que hacerle lo que él quería y no entretenerse demasiado en las falsetas. Yo le hacía un compás detrás de otro y las falsetitas cortas. Pero, en realidad, así es como tiene que ser la guitarra para acompañar, ¿no? Últimamente muchos hacen unas falsetas kilométricas y eso enfría al cantaor. Él no podía con eso.

– P: ¿Qué es lo que tenía que lo hacía único?

R: Tocarle era un gustazo. Por ejemplo, en los fandangos era una auténtica sentencia. Por soleá y seguirilla se acordaba mucho de Tomás Pavón. Además las letras que hacía eran maravillosas, bonitas y directas. Tenía un sello único por tarantos. Dolía mucho en la serrana, que también era uno de los palos de su repertorio habitual. Aunque no se le escuchaban muchas alegrías y este tipo de cantes, sí hacía unas bulerías muy especiales. Eran una especie de jotas aragonesas a compás de bulería. Y, por supuesto, los cantes de fragua los interpretaba perfectamente.

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Antonio Carrión acompañando a Chocolate

-P: El gran público no conoció a este hombre bajo los escenarios. Tú viviste muchos momentos con él, ¿cómo era Chocolate?

R: La gente creía que tenía un carácter serio, pero yo me he hartado de reír con él en los viajes. A simple vista daba mucho respeto, pero después era muy tratable, se reía mucho y se llevaba bien con todo el mundo.

– P: Para terminar, ¿alguna anécdota de esos viajes?

R: Hay una que la he contado alguna vez, pero merece la pena recordarla (risas). Es la anécdota de la botella: Íbamos a hacer una gira de París a Londres, y luego a Nueva York. Entonces en el aeropuerto de Sevilla, compró una botella de whisky para los camerinos. Total, cuando llegamos a París, él salió del hotel muy bien trajeado y con su pedazo de botella. Pero cuando llegamos al camerino del teatro, allí había gloria bendita: comida, bebida y de todo. Entonces cuando terminamos de actuar se volvió para el hotel con su botella. Al día siguiente, ya en Londres, salimos para el festival, y él seguía con la botella bajo el brazo. Pero, claro, otra vez en el camerino había de todo y tampoco la tuvo que abrir. Al otro día llegamos a Nueva York, que estaba nevado, y nos montamos en una limusina. Cuando estábamos sentados y fue a abrirla, el chofer le dio a un botón y sacó otra botella con dos vasos. Total, que tampoco la abrió. Cuando nos bajamos, antes de entrar en el hotel de allí, se resbala, da contra el suelo y parte la botella. Después de tantos kilómetros con la botella en la mano… Y ya por último, cuando estábamos actuando esa noche, gritó alguien del público: “¡Antonio, la botella!”, refiriéndose a la letra del conocido fandango del cantaor, pidiendo que lo hiciera. Pero este se creyó que se lo decían por el whisky. Me miró muy serio y dijo: “Oju, la botella. ¡La que le voy a dar!”.

Luis Ybarra.

Memoria del Compás del Cante: “Manuel Morao, 2001” (incluye entrevista)

Por Luis Ybarra.- Después de siete años sin ser reconocida por la distinción de la Fundación Cruzcampo, en la XVIII edición la guitarra volvió a ser la protagonista. Manuel Morao, uno de los máximos exponentes del toque jerezano, recibiría el galardón en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla acompañado por muchos de sus paisanos; dicen que Jerez hizo de los salones del hotel un tabanco rancio de Santiago.

Manuel Moreno Jiménez, conocido como Manuel Morao, nació en Jerez de la Frontera en el año 1929 dentro de una familia que le haría distinguir entre el arte, que empapa todo lo que va del pensamiento a los bordones, y la técnica, que permite su ejecución. De este modo, las continuas visitas del guitarrista Javier Molina enriquecerían su toque y le harían, poco a poco, sentir a la guitarra como una extremidad más de su propio cuerpo.

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Foto: Manuel Morao con Javier Molina (sentado). Propiedad de Manuel Morao y publicada en su libro “Sinelo Calorró” de sus conversaciones con Juan Manuel Suárez Japón

La profesionalización de Manuel estriba entre Jerez y Sevilla, y más tarde Madrid. Con tan solo 12 años de edad empieza su inmersión en las ferias y fiestas de la zona, donde conocería a guitarristas como Niño Ricardo o Melchor de Marchena y a los cantaores más importantes de la época: El Niño Gloria, Pepe El Culata, Antonio Mairena, Manolo Caracol, La Niña de los Peines, Tomás Pavón o incluso Juanito Mojama, tal y como reveló en el I Congreso Internacional de Arte Flamenco de la UCA.

En los años 50 se posicionó como la primera guitarra del Ballet de Antonio el Bailarín. En ese momento, continuaría desarrollando su lúcida y personal concepción de la guitarra de acompañamiento. Se fue haciendo con una excelsa discografía, tanto acompañando como solista. Apareció en 35 grabaciones de espacios televisivos, entre ellos algunos capítulos de “Rito y Geografía del Cante”, y en 9 películas, como “La Niña de la Venta”. Además de todo esto, habría que reconocerle la creación del ciclo “Jueves Flamencos“. En aquel entonces se celebraba el quinto día de la semana, pero el evento ha llegado con fuerza hasta nuestros días.

Años más tarde, en los 80, con el reconocimiento de toda la afición después de innumerables actuaciones, decide fundar “Gitanos de Jerez”, con la intención de potenciar y dar a conocer artistas de la tierra; así se promovieron cantaores como El Torta o La Macanita. El compromiso de Manuel Morao con el flamenco fue más allá de lo artístico. No solo pretendía hacer disfrutar del sonido de su guitarra, en el que se resumen varias décadas de cante y toque, sino desgajar cada tono, cada eco, cada resquicio de su memoria para ofrecérselo al público. Por eso su legado y su escuela son tan importantes. Porque siempre ha querido compartir la esencia que guarda el mástil de su bajañí.

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Con su sobrino Moraíto y elegante sombrero. Foto para la película “El Cante bueno duele”  de Ernestina Van de Noort con la dirección de Martijn Van Beenen para el canal de la televisión pública holandesa NTR

Esa madera, airosa, jerezana y doliente, optó por prestar silencio con la edad. Manuel Morao reside en Jerez, donde la boca de su sonanta se tragó el eco amontillado de Tío Borrico, una seguirilla ensangrentada de Terremoto y el azúcar cande que le derramó La Perla. Quien lo probó lo sabe. Que sea él quien hable.

Entrevista con Manuel Morao

  • P: ¿Qué recuerdas de las primeras fiestas y ferias en las que empezaste a tocar? Allí conociste a los más grandes.

Manuel Morao: Eran los puntos de trabajo que teníamos los flamencos en aquella época: las ferias, las casas particulares y ventas. Allí desarrollábamos nuestra profesión.  Llegué a tocarle varias veces a la Niña de los Peines y a Tomás Pavón, por ejemplo. La Niña empezó  a dedicarse a los espectáculos más temprano, pero Tomás, el pobre, se pasó la vida en las ventas. Estuvo mucho más que su hermana buscándose la vida. Él paraba mucho en el Charco de la Pava, en Sevilla. Y allí lo conocí.

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Tío Manuel es un patriarca gitano respetado por todos y con una gran elegancia. Foto del libro de Juan Manuel Suárez Japón “Sinelo Calorró”
  • P: En el Congreso que se le dedicó a Juanito Mojama el pasado mes de octubre de noviembre de 2015, revelaste que lo conociste, ¿cómo fue aquello?

R: Eso fue en el año 1946. Fui por primera vez a Madrid, al Colmao Villa Rosa, en la Plaza de Santa Ana. Por allí se buscaba Mojama la vida y así lo conocí. Había un gran ambiente de cantaores, artistas y toreros concentrado en una zona muy concreta de Madrid. La primera vez que lo vi fue en una taberna que se llamaba Casa Pololo. Como los dos éramos de Jerez y yo muy joven, nos dimos a conocer. Y él fue quien me dijo que me fuera por las noches a Villa Rosa para trabajar, así que también lo acompañé muchas veces.

  • P: Durante tu vida has apostado mucho por la juventud, por ayudar y promocionar a cantaores y artistas de tu tierra, ¿cómo vienen las nuevas generaciones?

P: Yo he trabajado por la conservación. Lo que he hecho ha sido enseñar y tratar de transmitir la autenticidad de lo que se hacía antes. Las generaciones nuevas son algo diferente. No digo que sean malas, ni muchísimo menos, pero es otro producto. Recuerdo a los cantaores antiguos de los que antes hablábamos, y eso era otra cosa. Lo que tendría que haber hoy es una mayor profundidad, un fondo, que a veces falta y hace que nada suene convincente.

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Manuel Morao en su prodigiosa etapa como guitarrista en activo
  • P: Siempre has tenido una concepción del instrumento muy concreta, ¿cómo entiendes la guitarra flamenca?

R: La guitarra es un instrumento que nace para el acompañamiento del cante. Nace mucho después, por supuesto. Antes los gitanos cantaban con palmas o a golpe de nudillo. Entonces mi concepción está vinculada a la guitarra como instrumento para acompañar. Y ahí está la dificultad: en saber hacerlo bien. El acompañamiento se basa en una conversación entre el que canta y el que toca. Hoy eso se ha convertido en una conversación en la que cada uno habla un idioma. Por lo tanto, ni se entiende uno ni se entiende el otro, pero como se ensaya y se practica se llega a un entendimiento teórico. Esa es la gran diferencia. Hay casos y casos, no quiero generalizar, pero eso es lo que muchas veces veo, y lo que debería ser es un diálogo entre dos. Esa es mi filosofía.

 Luis Ybarra